Pat Gillick, ideólogo de los mayores éxitos de los Azulejos


Por Por Keegan Matheson/MLB.com

TORONTO -- Hablar del mejor gerente general en la historia de los Azulejos es hablar de Pat Gillick, un ejecutivo brillante a la hora de evaluar talento que tuvo éxito en todas sus paradas rumbo al Salón de la Fama.

Gillick se integró a los Azulejos en 1976 como vicepresidente de personal de jugadores, pero rápidamente ascendió al puesto de gerente general. Como tal, guio a la organización a cinco coronas del Este de la Liga Americana y 11 campañas ganadoras consecutivas. Dicha racha terminó con dos títulos de Serie Mundial. En total, los Azulejos de Gillick tuvieron marca de 1,352-1,297 en sus 17 temporadas al mando de 1978 a 1994.

La evolución de Toronto corre paralela a alguno de los movimientos más importantes de Gillick. No acertó con todas sus decisiones, pero sabía que el club necesitaba un último impulso luego de quedarse corto con aquellos buenos – y subestimados – equipos de los años 80.

Todo eso comenzó en diciembre de 1990, cuando los Azulejos enviaron al dominicano Tony “Cabeza” Fernández y a Fred McGriff a los Padres a cambio del boricua Roberto Alomar y Joe Carter, considerados el mejor jugador de posición y autor del momento más impactante en la historia del club, respectivamente. Unos días antes de dicha transacción, Gillick también adquirió al jamaiquino Devon White desde los Angelinos.

Otros buenos movimientos hicieron posible el primer título de Serie Mundial del club, como la adquisición del dominicano Juan Guzmán desde los Dodgers en 1987 y firmas claves como la del veterano Dave Winfield previo a la campaña del 1992. Esa temporada, el club también agregó en un canje a David Cone.

Repetir como campeones en 1993 fue un reto completamente distinto, uno que Gillick y la gerencia afrontaron. Gillick convenció a Paul Molitor, quien venía de 15 temporadas brillantes con los Cerveceros, que los Azulejos harían todo lo posible por defender su corona. Llegó también Dave Stewart, quien ya tenía dos anillos y había sido el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial de 1989. Y para agregar una chispa, de cara a la fecha límite de cambios, Gillick sumó a Rickey Henderson, el mejor ladrón de bases en la historia.

Gillick también trajo de regreso a Fernández, una figura muy querida por los aficionados, de regreso para la recta final de 1993, algo que tuvo gran significado para el fallecido torpedero.

“Creo que Pat y Paul [Beeston] demostraron mucha valentía al traerme de regreso”, Fernández le dijo al diario The Toronto Star en 1993. “Pero las primeras palabras que la gente me dijo cuando regresé fueron, ‘Bienvenido de nuevo, Tony’. Eso significó mucho para mí”.

Además del éxito obvio que tuvo Gillick, no solamente en Toronto sino más adelante con los Orioles, Marineros y Filis, el ejecutivo también trabajó para expandir el deporte a nivel nacional en Canadá.

Tras coronarse los Azulejos, creció el interés por el béisbol juvenil en Canadá. Los Azulejos representan a todo un país, por lo que su éxito y su participación son influyentes. Gord Ash, quien trabajó junto a Gillick por muchos años y eventualmente lo sustituyó como gerente general del club, fue testigo de ello.

“Le daba orgullo ser parte del panorama canadiense”, Ash le dijo a The Canadian Press en el 2009. “Siempre quiso representar a la gente que llevaba las de perder, y si Canadá daba la impresión de estar carente de béisbol, él lo cambiaría. Creía que al expandir por todo el país, se generaría interés entre los niños y más de ellos terminarían jugando béisbol, y eso fue lo que sucedió”.

En 27 temporadas como gerente general, los equipos de Gillick tuvieron récords ganadores en 20 ocasiones y alcanzaron la postemporada 11 veces. En el 2008, Gillick ganó su tercer anillo de Serie Mundial con los Filis y en el 2011 fue exaltado al Salón de la Fama.

“El béisbol conlleva talento, destreza y habilidad”, expresó Gillick durante su ceremonia de exaltación. “Pero en su profundidad, se trata de amor, integridad y respeto. Respeto por el juego, respeto por tus colegas, respeto por el lazo que compartimos, que es más grande que cualquiera de nosotros”.

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