Del mundo intelectual: El arte de la literatura y la política posible

Solo alcanzando justicia, libertad y democracia será posible el desarrollo económico sostenible y ojalá, una paz duradera

Por Isolda Hurtado.-


La imaginación es la fuente de toda literatura. Irrebatible argumento. No obstante, abrumadores sucesos reales, cargados de insensatez, sobrepasan las predicciones o persuasiones contenidas en la literatura de ficción y no al revés como se cree. A menudo, la realidad la supera con creces. A veces, se entrelazan ambas en el transcurso del tiempo como sucedió con algunos ‘best sellers’ de ciencia ficción de décadas anteriores, convertidos hoy en hiper-realidad. Esta es la paradoja. Cuando Gabriel García Márquez trasladó a Macondo su mundo imaginario, trasladaba su propia vida a Cien años de Soledad. Su memoria abrigaba inagotables recursos que entrelazó con su habilidad imaginativa para inspirar en su novela, una historia fantástica, real y mágica.

Suele decirse que “la mentira”, es el recurso escritural para la novela y el cuento, pero la memoria, le es más fiel; una cierta añoranza recóndita o adivinada convertida en inspiración sobre la verdad propia. La versión personal de la realidad vivida, escuchada, leída y genuinamente transformada en Literatura con el sello de la imaginación de quien escribe. Recuerdo único al fin. Creación genuina como la verdadera Poesía, impoluta. Vida pasada por el tamiz de uno mismo como un filtro de hallazgos sobrepuestos en capas finísimas uno sobre otro de información afectiva, intelectual, sensorial, emocional, artística, a fin de cuentas, la vida es arte.

De otra manera sorprendente, la política es arte cuando usa el recurso de la razón para encauzarla al bien común, como sostén. Es el arte de aprender de los errores para nunca repetirlos y de servirle a la nación disponiendo para ello aptitudes plenas con ideas innovadoras, integridad y responsabilidad. Contrariamente, las autocracias la desvirtúan valiéndose de mentiras. Desenmascararles es un deber ciudadano. La política, si acaso existe voluntad, es una fuente inagotable de medios distintos conjugados entre sí para enfrentar y resolver los grandes dilemas y desafíos del siglo XXI en este país nuestro, postrado en su extensa geografía y rezagado en responderle a tono de su diversidad multirracial y multilingüe y de su espléndida biodiversidad históricamente maltratada, herida, explotada sin razón.

Política es el arte de escuchar a la población. Desterrar por siempre la mofa del dolor que no soporta comedia. Descartar las viejas formas de hacer política por inadecuadas e incapaces de resolver los problemas de la nación y por excluyentes del disenso. Construir el pensamiento crítico es democrático. Política es el arte de aliviar el hambre y la sed de justicia; es creación de empleos, inversión con reglas claras, bienestar social; educación y salud, de calidad, gratuitas. Es defender el derecho de vivir dignamente y de manera segura. Un nuevo concepto de seguridad se hará necesario en función del resguardo de la ciudadanía y no su antítesis. Reedificar el país en equipo, rediseñando su rumbo, no debería ser solo una panacea. Es ineludible pasar a la acción con estrategias perfectamente demarcadas y un Programa de nación inclusivo. Atrás quede el pasado con su avalancha de engaños, dolor, luto y destrucción.

Es tiempo de revertir la adversa cultura política inhóspita, propensa a la división, a fragmentarse en grupúsculos y vivir en desacuerdo perenne y por el contario, unir las fortalezas para un gran maratón con disciplina compartida. Política es deponer los intereses personales en cualquier estructura organizativa y saber apartarse oportunamente para lograr su funcionalidad. ¿Qué esperar para sustituir la adversidad y la hipocresía por la confianza y el reconocimiento de los méritos a quien así lo merece? Los liderazgos, no sean anatema, sino invocadores de buenas nuevas a la población. Política es el arte de aplicar la ética de la transparencia en toda gestión. Sin ella, todo es una gran mentira.

En el escenario actual, la democracia es la fuerza contendiente de mayor rango en cualquier proceso electoral posible y la única ideología se llama Nicaragua. Una es nuestra bandera: azul y blanco. Sus cimientos cobraron solidez durante la represión a la rebelión de abril 2018, cuando se fortalecieron los valores de civismo, defensa y promoción de los derechos humanos y un rotundo rechazo al autoritarismo y la opresión. Así también quedó sellado el compromiso fundamental de la Unidad ante los desmanes de inseguridad y violencia parapolicial que dejaron muerte y éxodo. Son los mismos principios que aún mantienen cohesionada la voluntad de triunfo.

Sin una salida política ante las crisis no hay soluciones económicas; es una tesis probada y hoy se acentúa más por el estado de alerta y resguardo que ha impuesto la pandemia por el covid-19, mientras al mundo llega la inmunidad de una vacuna. Urgente es el retorno del Estado de Derecho e intrínsecamente, la libertad de los presos políticos, las reformas esenciales a los poderes del Estado y la recuperación de los derechos constitucionales conculcados. Solo alcanzando justicia, libertad y democracia será posible el desarrollo económico sostenible como auténtica garantía del bienestar de la población y ojalá, de una paz duradera. Es materia de arte. Magnánima y posible.

Isolda Hurtado es escritora, socióloga (Nicaragua)

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