La hora de Céspedes

26 de noviembre de 2011.

Fernando Rodríguez
ferna.rodriguez74@aol.com

Fernando Rodríguez - Columnista de la Estufa Caliente.Hace semanas que los reportes de prensa de varios medios de difusión masiva se han hecho eco de las condiciones del pelotero cubano Yoenis Céspedes Milanés y de un eventual contrato para jugar en Grandes Ligas por el creciente interés de varios equipos en ficharlo. Este joven oriundo de Campechuela, provincia Granma tiene 26 años de edad, nació el 10 de octubre de 1985. Este bateador derecho de 5’12 (182 cm) de talla y 200 libras de peso posee gran fuerza al bate, buenos promedios ofensivos, rápido en el corrido de las bases y la defensa, donde ha tenido buen desempeño en los jardines, principalmente en el centro, aunque no excepcional con 960 de promedio defensivo en 769 partidos jugados. Es catalogado un jugador de las cinco herramientas, pero en Cuba.

Quiero dejar claro que es un excepcional pelotero por su talento, sus condiciones y por el rendimiento que exhibió en las Series Nacionales cubanas. Allá era uno de los cinco mejores peloteros de posición y bateadores junto a Frederich Cepeda, su coequipero Alfredo Despaigne, José Dariel Abreu y Yuliesky Gourriel. Sin embargo, tengo mis reservas en cuanto a que logre una gran actuación en un lapso de tiempo corto en el béisbol de Grandes Ligas.

Lo que pienso y digo en este artículo es aparte de la admiración que siento por este pelotero por haberlo visto y seguido bien de cerca su carrera, desde su debut en Series Nacionales en 2003. Pero hay que ser honesto con uno mismo y con este oficio, no dejarse llevar por los cantos de sirena y hasta por nuestros propios deseos. Ha habido mucho sensacionalismo alrededor de Céspedes por lo que temo frustración en la afición y hasta en el propio atleta.

Como testigo de su brillante carrera y haber visto mucha pelota cubana, incluida la actual, pero también de Grandes Ligas, reconozco sus limitantes. Céspedes es un pelotero y un bateador que presenta problemas en su técnica de bateo, con lanzamientos de rompimiento y en su swing, que se presiona por momentos a la defensa y ofensiva, lo que le ha ocurrido en eventos internacionales y en los desempates de las Series Nacionales de Cuba. Internacionalmente hizo Preselecciones  nacionales o Team Cuba desde el 2006 y no fue hasta el 2009 que rindió bien durante el II Clásico Mundial. Esto no es para demeritarlo, es la verdad.

En lo personal hubiera preferido que diera este paso antes, en cualquier momento de los últimos cinco o dos años. Ahora estaría ya adaptado al rigor de la pelota profesional norteamericana, pues aunque todavía es joven, el proceso lo llevaría posiblemente a otros dos años para que comience a rendir en las Ligas Mayores.

También me guio porque todos hemos visto que otros bateadores de la Isla de estos últimos años han tenido problemas con su inserción en Grandes Ligas, llena de dificultades, del proceso difícil de adaptación a diferentes costumbres y otro nivel de béisbol muy superior a la pelota cubana actual, que atraviesa el peor periodo de su historia.

Estamos hablando de una liga donde juegan 16 equipos que pudieran reducirse a la mitad, donde no hay más de cinco lanzadores de 90 millas con calidad y hasta en determinados momentos se ha jugado con bate de grafito. Por eso se ha roto el record de cuadrangulares para una serie en cuatro ocasiones en los últimos cuatro campeonatos cubanos, siendo Yoenis el recordista actual con 33, empatado con el cienfueguero Abreu. Esos números están adulterados, no corresponden a la realidad. Por cierto, he leído con asombro como medios de prensa han exagerado sus estadísticas ofensivas, pues lo han situado con 212 jonrones y más de 1000 imparables en 8 Series Nacionales y no es cierto, aunque tiene grandes resultados numéricos que aquí adjuntaremos.

Aunque Céspedes es de los mejores allí y lo han calificado de un “cinco herramientas” hay que ser pacientes y no esperar que llegue dando batazos. A su favor también tiene su carácter de muchacho tranquilo y disciplinado. Por fin dio el paso de liberarse y probar  nuevos horizontes.

El mayor problema de la mayoría de los peloteros de la mayor de las Antillas que están llegando a Grandes Ligas no es solamente por calidad deportiva. Todavía Cuba da peloteros con gran talento, a pesar de los desastres en la pelota cubana cada vez más frecuentes. Aunque siguen sin llegar a las Ligas Mayores la mayoría de los mejores bateadores o peloteros de posición de Series Nacionales, Céspedes sí es uno de los grandes de allá. El mayor problema radica en la mente de los jugadores cubanos, saber adaptarse no solo a un béisbol de incuestionable mayor rigor, otras costumbres e idioma. No basta con la aptitud física, es vital la actitud, sin ambas no se podrá triunfar y perdurar en el mejor béisbol del mundo.

Ahora esperemos y hagamos votos porque Céspedes salga victorioso de este momento y demuestre todo su potencial por varias temporadas para alegría de los que lo admiramos. Está llegando su hora.

Fernando: El Increíble de los Sánchez

Fernando Rodríguez
ferna.rodriguez74@aol.com

Fernando Rodríguez - Columnista de la Estufa Caliente.En Cuba a lo largo de su historia beisbolera ha habido familias y apellidos que la han marcado por la calidad manifiesta de sus miembros. Pero si alguna resalta con especial fulgor es la de los hermanos Sánchez de Jovellanos, Matanzas. El padre de ellos fue receptor del equipo representativo del antiguo central Tarafa. Cinco de los hermanos Sánchez participaron en Series Nacionales en los años 60, 70, 80 y 90. El más famoso y recordado de todos es Wilfredo Sánchez, conocido por los siguientes y bien ganados sobrenombres: El hombre hit, El Gamo de Jovellanos, el que inventó el hit, hitfredo o el Athos de la tanda de los tres mosqueteros matanceros de la década del 60 y 70. Wilfredo es considerado con toda justeza el mejor primer bate de la pelota cubana después de 1959. Todavía impresionan sus números ofensivos tanto en Cuba como en eventos internacionales.

Sin embargo, no se puede relegar a un segundo plano a su hermano Fernando Sánchez González, bautizado de forma magistral por Bobby Salamanca como El Increíble, debido a que fue y ha sido uno de los bateadores y peloteros más completos del beisbol jugado en Cuba después de 1962, caracterizándose por su versatilidad a la defensa y ofensiva, pues era muy rápido, lograba altos promedios ofensivos y también despachaba kilométricos cuadrangulares. A este recio bateador derecho solo se le pudiera señalar que no era buen tocador.

En mi opinión es uno de los diez más grandes bateadores y jugadores de posición de estas 50 Series Nacionales. En su época de máximo esplendor llegó a ser el tercer bate de la Selección Nacional y jugó los tres jardines, aunque donde más se desempeñó y brilló fue en el jardín izquierdo, al extremo de no saber discernir quién fue el mejor entre él, Armando Capiró y Lourdes Gourriel. Los números nacionalmente respaldan más a Fernando. Lo considero uno de los cinco jardineros más brillantes integralmente de Cuba después del 59 y entre los cinco peloteros más completos de Series Nacionales.

Pelotero sencillo, callado y modesto en grado extremo. Ha sido uno de los pocos que ha logrado la longevidad deportiva con calidad pues jugó hasta los 42 años y participó en 23 temporadas nacionales, solo superado en su época por las 24 de Muñoz. Eso fue en la época de mayor calidad en Series Nacionales y al mismo tiempo de las guaguas Girón “aspirinas”, mala alimentación y pésimas condiciones de albergue en los propios estadios que sufrieron los peloteros cubanos hasta 1999.

Debuta en la Nacional 1971-1972 con Henequeneros, equipo con el que siempre militó en Nacionales hasta su desaparición en 1992. Ese equipo se convirtió esa temporada en el segundo en importancia de la provincia Matanzas, donde se encontraban los jóvenes para que se foguearan y después pasaran a Citricultores. Pero Fernando explotó  como estelar en la Nacional 1973-1974, en el instante que la Comisión Nacional prohibió pasar peloteros que se habían convertido en figuras de un equipo a otro de la misma provincia. Por esa razón  siempre estuvo en el equipo menos fuerte de Matanzas hasta la Nacional 1987-1988 en que se intercambiaron los papeles: Citricultores pasó a ser el equipo más débil de toda Cuba y Henequeneros se volvió un súper trabuco. En Selectivas con el team Matanzas nunca pudo ganar un titulo, pues los yumurinos lograron su mejor actuación histórica en esos clásicos con medalla de plata en 1982. Fue factor clave en los títulos nacionales alcanzados por Henequeneros en 1990 y 1991. En esos campeonatos fue devastadora la ofensiva que desplegó Fernando a pesar de su veteranía. En esos años y en buena parte de su carrera conformó un one-two tremendo con Lázaro Junco, El Toletero de Limonar.

Tuvo la dicha de coincidir en nacionalmente con sus hermanos Wilfredo, Armando y Arturo. Con los dos primeros llegó a copar la defensa de los tres jardines de equipos matanceros en los años 70. Con Wilfredo estuvo en eventos internacionales entre 1974 y 1981.

Defensivamente no fue segundo de nadie, con buen desplazamiento, sentido de colocación, buenas manos, técnica y aceptable brazo. Si dejó el jardín central del equipo Cuba a partir de 1979 y de su provincia a partir de 1980 fue para aprovechar más su ofensiva, unido a que perdió un poco de velocidad y brazo. Solo abandonó la defensa del jardín izquierdo para desempeñarse mas en el rol de bateador designado a partir de 1990 cuando ya era un veteranísimo.

Me parece que este glorioso tocayo nació para batear. Recuerdo verlo llegar al plato, mirar al lanzador y levantar el bate con dos o tres movimientos continuos verticales hacia el cielo, hacer un gesto con el bate y la mirada hacia arriba y las gradas del jardín izquierdo, y pararse aparentemente intranquilo en el plato: con la pierna izquierda extendida, el bate moviéndolo nerviosamente en sentido vertical, tomado a todo lo largo con las manos unidas a la altura de la cintura, bien atrás. Su estilo de bateo era bien peculiar, pero estuvo dotado de gran velocidad en sus brazos al hacerle giro a la bola.

Si otro mérito, entre tantos, tuvo Fernando Sánchez -contrario a lo que han hecho otras estrellas después que dejan de hacer el equipo Cuba- fue que siguió jugando con igual pasión y entrega por su provincia durante nueve largos años, algunos de los cuales pudo volver a integrar la Preselección Nacional, pues en 1986 y entre 1988 y 1992 debió ser miembro de la Preselección o del Cuba B e incluso participar en las Intercontinentales de 1989 y 1991, así como en el Mundial y los Centroamericanos de 1990, pero siempre era injustamente marginado. El caso más notorio fue en la temporada 1989-1990 cuando resultó el segundo mejor jardinero izquierdo en rendimiento integral y empujó 100 carreras (marca personal), pero argumentaron que era muy viejo, contaba con 38 años, cuando lo que se debe medir es el rendimiento, no la edad. Nunca fue de las simpatías de los que decidían quienes iban al equipo Cuba. En su caso se cumplió fehacientemente aquello de que “lo mejor no es ser bueno, sino caer bien”.

Ya anteriormente había sido excluido del Team Cuba en 1976 y 1984 cuando todavía era miembro casi vitalicio del mismo. También es cierto que su época en los jardines cubanos era la de los Fermín Laffita, Wilfredo Sánchez y Armando Capiró. Después llegarían rivales de consideración como Bárbaro Garbey, Luis Giraldo Casanova, Lourdes Gourriel, Sixto Hernández, Héctor Olivera, Fernando Hernández, Lázaro Junco y Lázaro Contreras. En Matanzas le pasaba otro tanto con la presencia de los dos últimos, Wilfredo, Pablo Hernández y la posterior llegada de José Estrada.

Fue uno de los pocos que le pudo conectar un jonrón al sensacional y legendario lanzador José Antonio Huelga. En ese momento Fernando era todavía un novato y según testigos presenciales dicho cuadrangular fue de grandes proporciones en el estadio Sandino de Santa Clara que obligó a hacer encomiables comentarios a Huelga. Fernando Sánchez fue en la década del 70 uno de los más calificados sluggers cubanos en unión de Pedro José, Muñoz, Capiró, Medina, Casanova, Marquetti y Héctor Olivera.

Fernando siempre fue el mismo, el paso de los años no hacía mella en su rendimiento a la ofensiva. Siempre estaba entre los primeros en promedio, jonrones o impulsadas. Así fue desde 1974 hasta 1992 en que en honor a la verdad empezó a declinar su calidad. Esa que lo llevó a militar en la Preselección Nacional desde 1974 hasta 1985 y participar en 2 Mundiales, 4 Copas Intercontinentales, 2 Panamericanos y 2 Centroamericanos, entre otros eventos y topes. En ellos además del tercer turno también alterno entre el quinto y el octavo puesto de la alineación criolla. Cuando dejó de hacer el Team Cuba era el sexto en jonrones conectados en eventos oficiales con 20 (en Mundiales era el quinto con solo dos citas mundialistas), detrás de Pedro José Rodríguez, Antonio Muñoz, Luis Giraldo Casanova, Armando Capiró y Pedro Medina.

De modo particular brilló en el tope contra los profesionales venezolanos en 1977 con .400 de promedio, donde se enfrentó a rivales que habían jugado o en ese momento se desempeñaban en Grandes Ligas. Allí como tercer bate cubano demostró que estaba por encima del nivel de los mejores peloteros morochos. En 1977 también jugó contra profesionales mexicanos y fue el líder en hits con 11 y triples con 2. En 1982 y 1985 repitió su actuación en topes contra profesionales de México compilando .370 y .435 respectivamente. Nunca le interesó jugar como profesional fuera de Cuba.

En los Centroamericanos de Medellín en 1978 tuvo gran rendimiento al terminar cuarto en anotadas, entre los primeros en otros departamentos y en el juego efectuado el 16 de julio contra Puerto Rico, logró la escalera ofensiva (sencillo, triple, jonrón y doble por ese orden), en ese propio partido bateó de 3-3 en la tercera entrada y anotó 3 carreras, marcas para Centroamericanos que comparte con varios cubanos. En el Mundial de 1978 en Italia resultó líder en dobles con 5 y en imparables con 16, así como tercero en anotadas, el sexto de los bateadores y tercero de los cubanos.

En los VIII Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico en 1979 resultó líder en carreras anotadas con 11 y fue autor de un importantísimo jonrón contra Los Estados Unidos. En la IV Copa Intercontinental celebrada en nuestro país fue uno de nuestros mejores bateadores. También fue sensacional su actuación en el Mundial de Japón en 1980 donde fue sexto en promedio y el tercero de los cubanos, líder en imparables con 21, extra bases, bases recorridas y bateo de poder, cuarto en impulsadas y segundo en más jonrones conectados con 6 detrás de los 7 que batearon Antonio Muñoz y Luis Giraldo Casanova. En la VI Intercontinental celebrada en la ciudad belga de Amberes en 1983 fue el tercero en carreras impulsadas y disparó 4 jonrones, algunos de ellos importantes en las aspiraciones cubanas de recuperar el título. Internacionalmente uso diferentes números en su camiseta: el 17, 16 y el 53. Nacionalmente usó el 1 y el 53.

En el plano nacional resalta su liderazgo en jonrones en la Nacional 74-75 con 6 en 39 juegos contra el pitcheo más fuerte que ha existido en Series Nacionales, utilizando bate de madera y pelota de poco bote. En la Nacional 77-78 alcanzó el título de bateo con astronómico .394, el average más alto alcanzado hasta ese momento en el béisbol revolucionario. En la Selectiva del 78 protagonizó una encarnizada lucha por el título de los bateadores con el camagüeyano Eusebio Cruz, Elpidio Mancebo y Pedro Jova, quien en definitiva se llevó el gato al agua. En esa propia Selectiva de 1978 fue el que más boletos intencionales recibió con 11, liderazgo y cifra que repitió en la Serie 1980-1981. En la Nacional 79-80 despachó varios de sus más largos cuadrangulares y fue el quinto en ese departamento en dura porfía con Pedro José, Casanova, Víctor Mesa y Antonio Muñoz, punteros por ese orden. En la I Serie Selectiva celebrada en 1975 fue el colíder en hits con 66 y puntero en carreras impulsadas con 42. En estos importantes departamentos repitió los liderazgos en la Selectiva de 1985 con 60 incogibles, empatado con Antonio Pacheco, y 36 empujadas, así como líder en dobles con 12. En dobles también fue el máximo acumulador en la Nacional 1989-1990 con 15, por la Zona Occidental. En su espectacular Selectiva de 1990 fue el primero en flys de sacrificio con 6. En la Selectiva de 1981 fue el tercero en jonrones con 12 solo superado por esos monstruos que responden a los nombres de Antonio Muñoz y Pedro José Rodríguez. En la Serie Nacional 1984-1985 volvió a estar entre los diez primeros en cuadrangulares conectados con la importante cifra de 14 estacazos. En la Nacional 1987-1988, cuando ya era todo un veterano, logró su mayor cifra de jonrones para un campeonato con 15.

De la Selectiva de 1989 se recuerda no solo su consistente bateo a lo largo del torneo, sino su oportuno cuadrangular que dejó al campo a Ciudad Habana en su querido estadio Victoria de Girón de Matanzas. Ese jonrón frente a Orlando Duque Hernández –a quien le bateaba bien- a la postre (faltaban tres juegos para concluir el torneo) fue clave en la derrota de los capitalinos en manos de los villareños por la lucha del banderín selectivo. En la serie de desempate por el título nacional de 1990 fue el héroe de su equipo al resultar en siete partidos el primero en jonrones con 3, empatado con Kindelán, en impulsadas con 7, así como en promedio ofensivo con 417, hits con 10, anotadas con 8 y dobles con 3.

Fernando fue el sexto en llegar a los 100 jonrones en la Nacional 80-81, después de Capiró (Selectiva de 1977), Muñoz (Nacional 77-78), Marquetti (Selectiva de 1978), Cheíto (Selectiva de 1978)  y Casanova (Nacional 80-81). Fue el decimosexto en arribar a los mil hits durante la Nacional 1982-1983 en 3287 veces al bate para un average en ese momento de 304. Fue el sexto en llegar a los 200 cuatriesquinazos en 1988 -durante la Serie Selectiva cuando le dio jonrón con bases limpias por el jardín izquierdo a Osvaldo Duvergel de Serranos en el cuarto episodio del juego celebrado el 13 de marzo de 1988 en el Victoria de Girón de la capital yumurina- después de Muñoz, Cheíto, Casanova, Reinaldo Fernández y Medina. En carreras impulsadas fue el segundo en llegar a las mil, en 1990, solo antecedido por Antonio Muñoz, mientras que al millar de anotadas fue el tercero en arribar en 1991, detrás de Muñoz (Selectiva de 1985) y Casanova (Nacional 89-90). En dobles fue el segundo en llegar a la hasta entonces mítica marca de 300, lograda en la Serie Nacional 1990-1991. En hits fue el tercero en arribar a la increíble cifra de 2,000 durante la Selectiva de 1991, el 13 de marzo vs Pinar del Rio en Matanzas en 6,448 veces al bate con un promedio de por vida de .310, solo precedido por su entrañable hermano Wilfredo (Nacional 84-85) y por Muñoz (Nacional 90-91). El departamento de los imparables lo encabezó desde el miércoles 11 de noviembre de 1992 -con doble al jardín central en el primer episodio frente al zurdo espirituano Juan Ramírez en el estadio José Antonio Huelga- hasta el 29 de marzo del 2000 en que Antonio Pacheco quebró su marca. El hit 2,175 con el que rompió la marca de su hermano lo dio en 7,010 veces al bate con un promedio histórico de .310.

Este peloterazo, nacido el 22 de diciembre de 1951 de 182 centímetros de talla y 79 kilogramos de peso cuando militaba en el Team Cuba, comparte la marca de tres bases por bolas intencionales recibidas en un juego de nueve entradas. También es uno de los que ha dado tres jonrones en un juego, hazaña lograda el 20 de marzo de 1984 vs Camagüeyanos en el Cándido González. En la década del 80 encabezó los dobles con 188. En total fue miembro de equipos Todos Estrellas en seis Nacionales, siete Selectivas, los Centroamericanos de Medellín y el Mundial de Italia, ambos en 1978.

Al momento de su retiro, ocurrido en 1994, después de 23 Nacionales y 18 Selectivas (fue el único en jugar las 18 primeras Selectivas del total de 21 que se efectuaron y el de más participación en estos eventos) y fiel a su sobrenombre, Fernando mostraba el increíble rendimiento de ser el líder histórico en partidos jugados y hits, segundo en temporadas jugadas, dobles, extrabases, bases recorridas y carreras impulsadas (detrás de Muñoz en esos departamentos), tercero en veces al bate, pelotazos (empatado con Modesto Larduet) y comparecencias. Era cuarto en flys de sacrificio (empatado con Lourdes Gourriel) detrás de Cheíto, Muñoz y Víctor Mesa, veces que bateó para doble matanza, bases intencionales detrás de Muñoz, Marquetti y Casanova, carreras anotadas, superado por Antonio Muñoz, Casanova y Víctor Mesa, triples (durante mucho tiempo fue el segundo) después de Evenecer Godínez, su hermano Wilfredo y Amado Zamora, sexto en ponches, octavo en jonrones, precedido por Lázaro Junco, Muñoz, Casanova, Kindelán, Romelio Martínez, Omar Linares y Pedro José, quinto en bases por bolas después de Muñoz, Casanova, Pedro Medina y Elpidio Mancebo y entre los primeros 20 bateadores de por vida en todas las Series Nacionales celebradas hasta ese instante con un promedio de .307, a pesar de que en la dos últimas nacionales había bajado cuatro puntos.  

Forma parte del exclusivo club de bateadores que en Series Nacionales han acumulado 1,000 anotadas, 2,000 hits, 300 dobles, 200 jonrones, 1,000 impulsadas, 100 bases robadas y .300 de promedio histórico. Los otros miembros son Lourdes Gourriel, Víctor Mesa y Omar Linares.

A pesar de su impresionante carrera no sé por qué extraña razón nunca ha sido un pelotero del que se haya hablado mucho. Considero que de las más grandes figuras del béisbol cubano, es la más olvidada, o al menos públicamente. Muestra de ello es que no fue incluido injustamente en la famosa selección de los 100 mejores atletas del Siglo XX en nuestro país, ni siquiera en los primeros 400 preseleccionados. Sin embargo, el pueblo aficionado al buen béisbol no olvida a Fernando Sánchez, ni su increíble rendimiento con una estabilidad perdurable por más de veinte años de juego diario, ni su discreción, gallardía y modestia. El siempre estará en la selección de los mejores del pueblo cubano, de ese que lo aplaudió durante tantos años en que fue el sempiterno tercer bate matancero y durante la gloriosa etapa de su permanencia en nuestra Selección Nacional durante once años.

(Fragmento del Libro en preparación “20 estrellas de mi niñez”). Autor: Fernando Rodríguez Alvarez, 17 de diciembre de 2010.

Fernando Sánchez y el autor, 22-09-2009.

Kendry, icono de los cubanos

Fernando Rodríguez
ferna.rodriguez74@aol.com

Fernando Rodríguez - Columnista de la Estufa Caliente.El pasado domingo 20 de junio –día de los padres- cumplió 27 años el mejor bateador surgido en Cuba en los últimos 25 años: Kendry Morales Rodríguez. Este bateador ambidextro de 183 cm y 102 kilogramos que posee gran fuerza, buenos promedios ofensivos y jugador derecho a la defensa, es oriundo de Fomento, Sancti Spíritus. Se crió e hizo pelotero en la provincia Cienfuegos hasta que en su temprana adolescencia se mudó a la capital cubana, en ese periodo pierde a quien más lo estimuló a ser pelotero: su padre.

La historia de su carrera es bien interesante. En el 2001 fue seleccionado el mejor jugador juvenil del mundo por la IBAF, en virtud de su destacada actuación en el Panamericano de la categoría celebrado en Camagüey donde fue seleccionado el más valioso, también había participado en el Mundial celebrado en Edmonton en el 2000, entre otros eventos de categorías menores.

Se desempeñaba en los jardines de los extremos, primera base, la antesala y como destacado lanzador derecho, aunque a medida que fue transcurriendo su primera Serie Nacional se perfiló más como jardinero derecho y primera base, su actual posición. Debutó en la Nacional 2001-2002 con el número 8 de Industriales siendo el Novato más destacado de la serie. Nunca antes desde el debut de Pedro José Rodríguez en 1974 un bateador novato había impresionado tanto, pues su hijo de igual nombre solo se destaco en el capítulo de los jonrones en su debut en el 2001. Tampoco un pelotero había causado tanta sensación desde el surgimiento al estrellato de Omar Linares en 1985 con 17, aunque ya en su tercera temporada.

Kendry ha sido el mejor novato de todas las Series Nacionales por implantar marcas para noveles en anotadas, hits, jonrones, impulsadas, extrabases, total de bases recorridas, bateo de poder, partidos y entradas jugadas. Grandes peloteros y bateadores como Agustín Marquetti, Armando Capiró, Antonio Muñoz, Pedro Medina, Fernando Sánchez, Luis Giraldo Casanova, Lourdes Gourriel Víctor Mesa, Antonio Pacheco y Orestes Kindelán no han tenido tan gran comienzo como Kendry. Los más destacados de la actualidad como Frederich Cepeda, Yuliesky Gourriel, Alfredo Despaigne y José Dariel Abreu tampoco impactaron tanto en su primer año.

La actuación  de Kendry en su primer año en la pelota de mayores lo catapultó al equipo Cuba donde fue su cuarto bate en la Copa Intercontinental del 2002 y el Mundial del 2003, ambos celebrados en La Habana. En el 2002 fue elegido entre los atletas más destacados de Cuba en ese año.

Fue suspendido durante el receso de fin del año 2003 al terminar la primera vuelta de la Nacional 2003-2004 (era líder en sencillos, dobles y veces que impulsaba la ventaja), por intención de abandonar el país. También había sido detenido en intento de desertar en Panamá durante el Preolímpico celebrado en noviembre del 2003 y por las mismas sospechas no había sido incluido en el equipo que estuvo en el mes de agosto en los Panamericanos celebrados en República Dominicana. Logró irse del país en el 2004 por vía ilegal en su octavo intento y alcanzó su propósito de jugar como profesional en varios países y finalmente en Estados Unidos donde ha jugado en Grandes Ligas desde el 2006. Sin dudas Kendry es el mejor pelotero cubano en estos momentos y es que su carrera meteórica así lo demuestra, así como sus resultados actuales en el más exigente beisbol del mundo.

Su inserción en Grandes Ligas no ha estado exenta de dificultades, del proceso difícil de adaptación a diferentes costumbres y otro nivel de beisbol. Su mejor actuación ha sido en la temporada del 2009, su primera como regular con los Angelitos de Anaheim. Fue uno de los primeras bases y bateadores más destacados con excelente defensa, .306 de average, 43 dobles, 34 jonrones, 108 impulsadas y 569 de bateo de poder. Ese rendimiento ha sido el mejor de todos los bateadores de Series Nacionales que han participado en Grandes Ligas y ha sido la mejor de un pelotero formado en Cuba desde las grandes actuaciones registradas por Tony Oliva y Tany Pérez, pues otros grandes del madero como Rafael Palmeiro y José Canseco, aunque nacidos en la mayor de las Antillas, se hicieron peloteros en Estados Unidos.

Sin ánimos chovinistas Kendry llegó para quedarse en Grandes Ligas y actualmente clasifica como uno de los mejores integralmente de su posición y más destacados bateadores de poder en las grandes ligas. El pasado 29 de mayo sufrió una dolorosa y absurda lesión que lo ha sacado de una temporada donde iba camino de poder conectar 35 jonrones e impulsar alrededor de 120 carreras. En ese justo momento, en que conectó un vuela cercas con las bases llenas que selló la victoria de su equipo de forma sensacional, tenía 11 cuadrangulares, 39 impulsadas y estaba entre los diez primeros en varios de los más importantes departamentos ofensivos. Será un gran ausente en el venidero Juego de Las Estrellas.

De este mal momento podrá salir, demostrar una vez más su clase y cuando le llegue la hora del adiós del beisbol poder exhibir números émulos de los mejores bateadores cubanos y otros hispanohablantes en la historia de las Grandes Ligas. Eso esperamos del gran icono de los cubanos.

Adiós a Ken Griffey Jr.

Fernando Rodríguez
ferna.rodriguez74@aol.com

Fernando Rodríguez - Columnista de la Estufa Caliente.La gran noticia del 2 de junio del 2010, unido al malogrado juego perfecto del derecho venezolano Armando Galarraga, es la del anuncio del retiro de Ken Griffey jr luego de 22 temporadas y 40 años de edad. Recibimos la noticia con una mezcla de dolor por no poder ver jugar en un estadio al mejor pelotero de la década del 90 del pasado siglo y el más grande que he visto en mi vida, números aparte.

George Kenneth “Ken” Griffey es natural de Donova, Pesilvania, al igual que el no menos estelar Stan Musial. El junior de Ken Griffey senior puede ser enmarcado en las siguientes categorías sin temor alguno: uno de los mejores bateadores zurdos, jugadores defensivos, peloteros negros, bateadores de poder, jardinero central, bateadores y peloteros en general de la historia del beisbol mundial. Su retiro se produce en un momento oportuno, pues ya desde 2008 no era ni la sombra de su estrellato, esa que se había ido apagando poco a poco y sin casi darnos cuenta por culpa de lesiones. Justo cuando pasó a jugar con los Rojos de Cincinnati con el número 30 que en ese equipo usara su padre.En esa ciudad creció y vivió buena parte de su vida.

KenGriffeyJr.jpg Ken Griffey Jr Beginning image by mcinishcEn este campeonato solo se le recuerda positivamente por arruinar con un sencillo un No Hit no Run y el 20 de mayo por el último imparable de su carrera que dejó al campo a Toronto Blue Jays. Tal vez pudo esperar el fin de la presente temporada, pero realmente ya dejaba mucho que desear e incluso llevaba tres días sin ver acción ninguna, ya ni como emergente. Solo había tomado parte en 38 partidos de los 52 celebrados por su equipo y ya no era regular, estaba mal al bate y en el banco no se puede salir del mal momento, mientras que tenerlo en malas condiciones en una alineación también es un problema. Siempre pensé que este podría ser su último año, pero cada juego y semana que pasaba me apesadumbraba más el mal rendimiento de quien ha sido el pelotero de Grandes Ligas que más he admirado de todos los que he visto jugar en vida.

Par de temporadas atrás -aunque ya desde 2003 se venían afectado bastante sus promedios y frecuencias varios departamentos de su carrera- llegué a pensar que todavía podía llegar a los 700 jonrones o al menos superar los 660 de su ídolo Willie Mays. A The Kid, como también se le inmortalizó, lo sitúo junto a los inmortales Babe Ruth, Hank Aaron, Willie Mays, Lou Gehrig, Mickey Mantle y Ted Williams, entre otros, aunque odio comparar épocas bien diferentes y parto del principio que nunca tiempo pasado es mejor. En ese grupo también pudiera a agregar a Barry Bonds, Marck McGwire, Rafael Palmeiro, Sammy Sosa y el aún activo Alex Rodríguez, pero estos han tenido la sombra sospechosa o comprobada del consumo de esteroides, al menos en parte de sus carreras. Ken Griffey pudo hacer lo mismo que ellos, pero prefirió el juego limpio y vinieron las lesiones a partir de los 31 años, ahora mismo con el paso que llevaba hubiera tenido 770 vuela cercas. Tal vez con el comienzo de las lesiones debió pasar a uno de los jardines de los extremos, la primera base o como bateador designado para así preservarlo y que lograra las grandes metas que podía alcanzar. Así a partir de los 30 sin comenzar a jugar en una posición más cómoda como Alex Rodríguez, sin ayudarse con sustancias prohibidas comenzó su declive no por calidad deportiva, a la misma edad que Bonds, Sosa y McGwire aumentaron sospechosamente su masa muscular y frecuencia jonronera a niveles increíbles.

Sin embargo, aunque no se cuidó lo necesario a Griffey, este tuvo una progresión más lógica de su carrera, fue como los grandes anteriores a la era de esteroides y hormonas de crecimiento humano. Nunca tendrá un asterisco su actuación y es candidato seguro a integrar el Salón de La Fama en su primera elección. Estaba destinado a romper la marca histórica de Aaron, incluso también tenía matemáticas y reales posibilidades de ser el primero en dar más de 800 cuadrangulares en Grandes Ligas si jugaba 24 temporadas, previendo una merma lógica en el rendimiento de los últimos años de su carrera. Es ilustrativo que en sus últimas diez temporadas solo dio 210. Fue el que más joven dio 300, 350 y 400 bambinazos y entre los que más rápido, menos veces al bate y menos edad ha dado entre los 100 y 600.

Esas lesiones no hubieran llegado si se hubiera dopado, pero hoy no estaríamos escribiendo así de él y es preferible hacerlo de esta forma que presentar esa mancha aunque mejores números históricos que los de por sí ya formidables que ostenta. También fue un beisbolista que jugó muy agresivo en la defensa del jardín central, con fantásticas y aparatosas atrapadas contra las cercas o encima de estas, de cordón de zapato, lateral o hacia atrás, pero provocadoras de fuertes y peligrosos golpes en su anatomía. En el aspecto estadístico fue líder en anotadas en 1997, en 1994 y durante tres temporadas consecutivas entre 1997 y 1999, impulsadas y bateo de poder en 1997, extra bases y boletos intencionales en 1993 y 1997, y total de bases en 1992 y 1997. En seis temporadas anotó más de 100 carreras (cinco consecutivas), en siete impulsó más de 100 carreras (cinco consecutivas), en nueve 30 jonrones y en siete 40 o más (cuatro consecutivas).

Pelotero estético y con tremenda clase de la gorra a las zapatillas. Era un artista bateando y parecía que conectaba sin esfuerzo, lo que contrastaba con la fuerza y longitud de sus batazos. Dotado de un sistema de parase en el plato y de batear que lo hacía parecer un gimnasta o bailarín, pero ser uno de los de más fuerza en su época y en todos los tiempos. Su estilo realmente ha sido único y me atrevo afirmar que irrepetible.

Bateador de tremendo poder, buen tacto, bateador de promedio, velocidad felina entre bases y en la defensa del jardín central, donde brilló desde 2003 con su seguridad y espectaculares jugadas defensivas. No por gusto ganó premios tan valiosos y disimiles como trece Juegos de Estrellas, diez guantes de oro sucesivos, siete bates de plata, JMV del Juego de Estrellas de 1992, ganador de los concursos de jonrones en 1994, 1998 y 1999, JMV en la temporada en 1997, mejor atleta masculino de Estados Unidos en 1998, elegido entre los peloteros más defensivos de la historia, mejor pelotero de la década del 90 en 1999 y premiado en el 2005 por el mejor regreso de esa temporada.

Jugador insignia e icono con el número 24 de Los Marineros de Seattle, equipo que deja con varias marcas personales para ese club. Colectivo que en los 90 llegó a tenerlo a junto a Edgar Martínez, Alex Rodríguez, Randy Johnson y Tino Martínez. Pienso que de ese equipo nunca se debió ir o al menos nunca para Cincinnati, pues su partida coincidió con lesiones y situaciones psicológicas a raíz de una amenaza de muerte y el advenimiento de cierto delirio de persecución, con antecedentes de intento de suicidio en 1988.

Debutó en Grandes Ligas siendo casi un imberbe de 19 años en 1989. En la temporada siguiente jugó con su también legendario y destacado padre, juntos lograron la hazaña de compartir los jardines y dar jonrón cada uno en un mismo juego y de forma consecutiva, en total coincidieron dos temporadas. Aquí se cumplió aquello de que “hijo de gato caza ratones”, pero incluso el heredero aventajó al progenitor. En el primer turno al bate en Seattle dio cuadrangular. Desde que empezó se vio a la estrella fulgurante que pronto fue. Si algo le faltó fue un anillo de Serie Mundial, pero eso no depende de la calidad individual de un pelotero, sino de la época y el equipo donde juegue, sobran los ejemplos de otros superestrellas con igual poca suerte.

Durante años fue el mejor de todos los peloteros y también llegó a ser el más pagado y carismático. No lo pude ver en sus inicios porque fue de las grandes estrellas del beisbol norteamericanos que no jugó contra el equipo Cuba en los 80 por firmar en la primera vuelta del reclutamiento de 1987, bien rápido y joven, algo que si logramos con Barry Bonds, Marck McGwire y Frank Thomas, entre otros. Tampoco lo pudimos ver mucho ni seguir en parte de sus años mozos. A partir de 1994, a base de mil artilugios, actos mágicos y mucha suerte, pudimos seguir bastante su carrera y hazañas. Por suerte pude ver muchos de sus largos y muy elevados jonrones que parecían no caer nunca y cuando lo hacían era a grandes distancias.

Hay que recordar que soy de un país donde el beisbol de Grandes Ligas hace más de 4 décadas se tiene prohibido, o no es permitido (que no es lo mismo pero que en el caso cubano es igual). Precisamente recuerdo como en 1994 fue la temporada de la última huelga de los peloteros de Grandes Ligas impuso marca de mayor cantidad de votos para un Juego de Estrellas. En ese momento llevaba un paso de 33 jonrones que lo podía llevar a ser el primero en romper la marca de 61 en poder de Roger Maris desde 1961, pero cayó en un temporal letargo jonronero. De ese mal momento salió con nuevos bríos, volviendo con una frecuencia de cuadrangulares impresionante hasta que se vio interrumpida la temporada por la huelga cuando llevaba un ritmo de 59 cuadrangulares de concluir la serie en los 162 partidos del calendario.

No por gusto, a pesar de su juventud y pocas series, fue elegido dentro del equipo ideal del Siglo XX, y durante algún tiempo fue el único activo en un Todos Estrellas histórico de Grandes Ligas. En 1999 fue seleccionado entre los 100 mejores peloteros de la historia y de todos era el más joven. Recuerdo con agrado verlo jugar con mucho interés por su país y rendir muy bien (segundo en promedio con .524 y líder de su equipo en jonrones con 3 e impulsadas con 10) en el I Clásico Mundial en 2006, única vez que su figura se proyectó y comentó en la televisión y prensa cubanas.

Aunque no es mi objetivo hacer mucha alusión a sus estadísticas, pues están en enciclopedias y otras fuentes y en su caso se convierten más en algo frías, no es ocioso apuntar que ostenta frecuencias de 101 anotadas, 111 impulsadas, 32 dobles, 38 jonrones y 72 extra bases por temporadas integras de 162 juegos. Tiene el record de disparar cuadrangulares en 44 estadios y comparte marcas como la de ocho juegos consecutivos bateando jonrón en 1993 o haber dado cuadrangulares en todos los estadios donde jugó. En el momento de su retiro es líder o está entre los cinco primeros en casi todos los departamentos ofensivos y algunos defensivos entre los peloteros activos. Ocupa lugares muy destacados entre todos los peloteros que han jugado en la liga mayor del beisbol mundial. En los libros de records, biografías en su honor, fotos y videos de sus batazos y jugadas, estarán registradas sus hazañas. Pero sus glorias y 630 cuadrangulares no caben en un libro ni en un estadio y solo me queda sentir pena por los que no lo vieron jugar.
 
5 de junio del 2010.