Tres Verdades: Andrés Pascual.

LA PEQUEÑA SERIE MUNDIAL DE 1959

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.La Pequeña Serie Mundial es el encuentro de postemporada que decide el campeón de las ligas menores, clasificación Triple-A, entre el ganador de la Liga Internacional y el vencedor de la Asociación Americana.

Según escribió Stew Thornley en el libro “La gloria y la fama de los Molineros de Miniápolis”, pocas en su historia fueron tan excitantes y peligrosas como la que jugaron en 1959 los Cubans Sugar Kings, de La Habana, y el club objetó del libro.

Y es que no solo fue una de las más disputadas juego por juego en la que el séptimo se decidió en el noveno episodio con otros dos en entradas extras; sino que, según Thornley, testigo presencial del evento como reportero, “Fue la única en que las ametralladoras y fusiles superaban el número de bates de las dos bateras de ambos equipos juntos…”

Los Molineros, un equipo sucursal de las Medias Rojas de Boston dirigido ese año por Gene Mauch, era, en 1959, el defensor del banderín ganado el año anterior por barrida en 4 juegos contra los Reales de Montreal; el de 1959 sería el Clásico # 42 de su tipo.

Miniápolis hacía su tercera aparición en cinco años en la Pequeña Serie Mundial, a la que asistió reforzado con dos jugadores que el siguiente estarían en el club matriz de la Liga Americana: el jardinero Lou Clinton y el entonces segunda base de 19 años, inmortal del juego, Carl Yastrzemski, que se había unido al equipo durante los desempates de la Asociación.

Del otro lado, los Cubans habían concluido 1958 en el frió sótano de la Internacional; pero 1959 lo terminaron en el tercer lugar del estado de los equipos del calendario regular, entonces se impusieron al Columbus y al Richmond en los desempates ganando el boleto al Clásico.

A los Cubans los dirigió Preston Gómez y su plantilla fue una mezcla de peloteros latinos con mayoría cubana y de refuerzos americanos aportados por el club matriz, los Rojos de Cincinnatti. Varios de los jugadores de los Azucareros ganarían respeto y fama en Grandes Ligas a través de sólidas carreras durante la siguiente década, como Leonardo Cárdenas, Miguel Cuellar, Cuqui Rojas, Haitiano González o el cubano-venezolano Elio “Pelayito” Chacon y, por sus soberbios relevos para los Yanquis en Serie Mundial, el lanzador zurdo boricua Luís “Tite”Arroyo.

Ese fue el año, 1959, en que Cuba perdió la categoría de “paraíso”, convirtiéndose en una pesadilla que alcanzaría niveles de infierno en muy poco tiempo.  Bajo condiciones únicas de peligro, no vistas ni antes ni después en esos eventos, se celebró la más grande e importante serie jugada por un equipo cubano e hispanoamericano jamás hecha posible hasta hoy en el Beisbol Organizado.

El peligro por el evento terrorista con justificación política o por desborde de la alegría del año en que se consolidó la confusión de todo el pueblo repercutió en la pelota: poco después de la medianoche del 26 de Julio, mientras jugaban los Cubans contra los Alas Rojas de Rochester el 11no. episodio en el Cerro un partido del calendario regular, las demostraciones de celebración por la fecha del Ataque al Cuartel Moncada 6 años antes incluyeron tableteo de ametralladores y disparos continuados con fusiles, pistolas y revólveres, que convirtió a La Habana en una plaza en guerra extraña y varios plomos encontraron su camino de descenso dentro del terreno de juego, hiriendo levemente al coach de tercera del Rochester, Frank Verdi y al torpedero cubano Leonardo Cárdenas. Este incidente estuvo a escasos milímetros de adelantar el traslado de ciudad de los Cañeros por el peligro que representaba tan irresponsable acción, lo que se produjo en julio del año siguiente bajo señalamientos de “peligro extremo”, sobre todo para los jugadores de los clubes visitantes, que se quejaron por la anomalía.

Roberto “Bobby” Maduro, propietario de los Cubans y para no perder la oportunidad de celebrar la Pequeña Serie Mundial en el estadio de la barriada del Cerro, le elevó al presidente del circuito, Mr. Frank Schaugnessey, un comunicado en el que decía: “No hay violencia en La Habana ya. Los fanáticos, por ahora, solo tienen presente el beisbol en sus intereses.” Fidel, personalmente, garantizó la observación que, indudablemente, fue una súplica. Las Ligas Menores, a través de Mr. George Trautman y el propio Circuito Internacional, así como el Secretario de Estado Cristian Herter, lo aceptaron…la Pequeña Serie Mundial tenia bandera de vía segura en el carril antillano.

La serie se inició en Bloomington, Minnesota, en el estadio Metropolitano. Allá iban a ser jugados los primeros tres partidos del evento; pero un repentino tiempo invernal con grandes nevadas decidió el destino de los juegos en el estado…

El domingo 27 de septiembre solo 2,486 fanáticos asistieron a ver caer su equipo 2-5 contra los Cubans en el inaugural. A 1,500 millas de casa, con un frío desconocido para ellos, una legión de fanáticos de toda Cuba estaba en las gradas de aquel  estadio ese día, con la algarabía natural del Cerro, con el Hombre de la Sirena y con el incansable repicar de timbales y trompetas de la conga de Papá Boza apoyando a los suyos de tal forma que los Molineros aparentaban ser huérfanos de fanaticada aun en su casa. Según escribió Thornley, “parecía que la tierra se tragaría al estadio cuando los visitantes lograron un racimo de cuatro carreras en el tercero por el atronador ruido de maracas y sirenas generalizado, matizado con el ondear de banderas cubanas por varias secciones de la instalación.

El tiempo empeoró y la asistencia decreció para el juego # 2 con solo 1,062 pagando la entrada; pero esto no detuvo la artillería de largo alcance de los Molineros, que revertieron desventajas de 0-2 y 2-5, para finalmente imponerse 6-5: Roy Smalley, cuñado del dirigente Gene Mauch, metió un jonron para empatar a dos en el segundo y Lou Clinton y Red Robbins reempataron a cinco, también con cuadrangulares, cerrando el octavo. La victoria de los de casa se produjo por medio de otro jonron de Ed Sadowski abriendo el noveno.

Los jugadores de los Cubans parecían más afectados por la fría temperatura que por los racimos de anotaciones de los Molineros: el consumo de grandes cantidades de café hirviendo y el uso de toallas y colchas para envolverse daban una imágen ártica a la cueva visitante. La revista Bohemia publicó una curiosa foto de AFP en la que se veía a Novack, Cárdenas, Borrego, Davalillo y Morejón alrededor de un latón de basura que encendieron dentro del dugout para calentarse en medio del tremendo frió.

El 29 de septiembre se suspendió el juego por nevada producto de la lluvia y la Comisión de Ligas Menores decidió el traslado a La Habana de los partidos restantes. Para muchos entendidos que participaron en el acontecimiento, desde jugadores a narradores, ese traslado benefició al club cubano a extremos de que consideran que la Serie se ganó con la ayuda del tiempo que influyó decisivamente en el traslado total restante de los juegos al Estadio del Cerro.

El tiempo en La Habana era agradable para jugar beisbol comparado con la sede abandonada; pero más lo fue la calurosa recepción que recibieron ambos equipos por el fanático habanero.

Si a la Serie entre Yanquis y Mets hoy, como a la de los Bombarderos y el Brooklyn ayer se les llama “La del Metro”, aquella que se jugó como colofón a la campaña de Ligas Menores de 1959 se le debió apodar la del Estrecho de la Florida. Empezaba entonces el enfrentamiento, ante su público, del verdadero momento de grandeza de la pelota cubana hasta el día de hoy con los Cubans contra Minneapolis.

En medio de una majestuosa parada de bienvenida desde el aeropuerto a la ciudad, luego de su arribo al país ambos equipos y en una gala  al efecto, Bobby Maduro dijo: “Esto es un evento nacional”. Fidel Castro estaba presente y no habló; pero asistiría a cada desafío efectuado y toda la cúpula gubernamental debió presenciar en vivo por lo menos un juego como política personal dictada por el sátrapa.

Castro entro al terreno por el jardín central para el primer y último juego celebrado en Cuba; una marea de servilletas blancas dio la impresión de nieve sobre la gradería cuando apareció por primera vez y el griterío, que se escuchó a 10 cuadras a la redonda, fue largo y estridente. El mercurio marcó 90 grados de temperatura. Castro se sentó en diferentes secciones de palcos en cada juego y, en uno de ellos, se le retrató en la cueva de los Cubans, entre Borrego y Ray Shearer.

En la pequeña ceremonia en el plato que precedió el primer juego, el dictador se dirigió a los más de 25,000 asistentes: “Vine aquí para ver a nuestro equipo derrotar al Miniápolis; no como Premier, sino como fanático; quiero que nuestra novena gane la Pequeña Serie Mundial… ¿Qué mejor después del triunfo de la Revolución?” Acto seguido le dio la mano a cada jugador de ambos equipos.

Según Stew Thornley, los Molineros estaban nerviosos con aquellos barbudos que los saludaban por señas de manos y cabezas hasta 7 veces cada uno, por lo que salían muy poco de sus cuartos en el Havana Hilton. Algunos consideraron como trabajo colateral de apoyo a la victoria después, las formas como explotaron ese miedo de una mayoría de americanos adolescentes casi que no se podían explicar aquel fenómeno revolucionario en ninguna variante.

Aunque Gene Mauch siempre dijo que nunca se sintieron amenazados, más de 3,000 soldados estaban allí durante los juegos, alineados como segunda barrera de protección a las reglas de terreno por el público dentro del diamante, o en los dugouts…Ted Bowsfield, lanzador del Miniápolis, describió así su preocupación: “Eran jóvenes, muchos de 14, 15 y 16 años jugando con sus armas al lado de uno. A cada rato oíamos disparos fuera del estadio y nunca supimos la razón…”

Tom Umphlett, jardinero central visitante, al entrar al dugout después de hacer una cogida a lo profundo de su posición terminando una entrada, le comentó aterrorizado a Mauch: “Uno de esos barbudos me prometió que me iba a matar y le hizo la señal de media circunferencia con el dedo a través del cuello que en Cuba no se hace como para cortar la cabeza; sino como símbolo de victoria en un juego. Evidentemente, el Miniápolis jugo aterrorizado aquella serie.

El tercer juego lo abrió el equipo de la Asociación con ventaja de 2-0; pero los Cubans empataron en el octavo a dos y ganaron con otra en el décimo. Yastrzemski, que la sacó a 400 pies por entre el central y el derecho en este juego, escribió en su autobiografía: “Era una revolución en las calles y las armas disparadas constantemente en tus narices hacían violento el espectáculo”

Los Sugar Kings empataron a tres el cuarto juego en el cierre del noveno con sencillo de Daniel Morejón, que también trajo la anotación ganadora con otro sencillo en el decimoprimero.

A uno de la eliminación en 4 juegos, el Miniápolis se sobrepuso al temor infundado por “los peluses” y ganaron los próximos dos, empatando a tres la serie.

Para el séptimo, Castro alteró su entrada desde el centro del terreno y, en vez de pasar frente a la cueva de los cubanos, lo hizo por la de los visitantes. De acuerdo a Lefty Locklin, del Miniápolis, cuando pasó frente al bullpen, despacio y mirándolo fijamente, le dijo en inglés mientras se tocaba la pistola que llevaba: “Hoy ganamos nosotros”.

Sin embargo, los Molineros dieron la impresión de que no creían en supuestos fantasmas y Joe Macko abrió el cuarto episodio con jonron al izquierdo, mientras Lou Clinton hacía lo mismo en la sexta para poner delante a su equipo 2-0.

La ventaja forastera se mantuvo hasta el 8vo., en que Chacón abrió con sencillo y después de un out, Morejón bateó una bola sin mucha fuerza que picó y se internó en el público bajo reglas de terreno para un doble. Ray Shearer se ponchó sin tirarle para el segundo out; pero el emergente Larry Novak conectó sencillo al centro para empatar el desafío.

Al final del noveno y con empate en la pizarra, los Cubans colocaron corredores en segunda y primera con dos outs. La mala suerte de los Molineros, además de la nieve que les canceló servir de anfitriones en 2 juegos, apareció en el plato en la figura del Jugador Más Valioso de aquella Serie, el recientemente fallecido jardinero Daniel Morejón, que al primer lanzamiento conectó hit de línea al centro que le permitió al corredor Raúl Sánchez llegar antes que el tiro de Umphlett con la carrera que decidió el memorable juego.

Los Molineros de Miniápolis regresaron a su casa tristes por la derrota, pero aliviados por la tensión de la actividad irresponsable enmascarada en juerga y diversión a que, aun, acostumbra la tiranía. Ted Boewsfield declaró en algún momento después: “No tuvo peso perder el juego en ese país y bajo aquellas condiciones, estábamos felices de regresar sanos y salvos…”

Mientras, La Habana iniciaba tres días de fiestas por la tremendísima victoria que, al año siguiente y por esa fecha, como un huracán, ya Castro se había encargado de suspender para siempre obligando a las autoridades americanas a trasladar el club a Nueva Jersey.
 

DAYAN VICIEDO Y LA PELOTA DOBLE-A

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Por regla general el fanático recién llegado de Cuba tiene una impresión particular del nivel de pelota que se juega en la Isla con respecto a las clasificaciones del Beisbol Organizado: un poco más fuerte que Doble-A, unos; más fuerte que Triple-A, otros y, para muchos más, “superior a la de Grandes Ligas…” y hay un detalle, conocen poco de las interioridades del beisbol profesional; pero si han visto que Alexei Ramírez le entró a las grandes ligas como si hubiera sido un vulgar juego de placer; lo que yo también vi…La diferencia conmigo estriba en que ellos sobrevaloran las actuaciones de los compatriotas de factura reciente para las Mayores; mientras yo se las atribuyo a la decadencia y la pérdida del nivel de juego en la Gran Carpa con muchos más equipos por circuito; con más de 150 lanzadores que los que actuaban hace 40 o más años y con todo el lastre conocido que afecta hasta el nombre de “grandes”, al extremo de que ya se hace necesario buscar otro adjetivo mas apropiado que las califique para un periodo “no tan grande” de existencia.

Dayán ViciedoA Dayán Viciedo lo firmó el Chicago Medias Blancas como un superprospecto de la antesala, no con 6 o más pies de estatura; si con alrededor de 5’11; no con un físico esbelto que tratará de emular a Héctor Rodríguez en la esquina caliente; si como un gordito con sobrepeso que le afectaba el desplazamiento hacia todos lados; no como el jugador capaz de competir en la posición para regular de la nómina; si como el que ya, aparentemente, logró cansar a los entrenadores de su equipo al extremo de que no esperan un tercera base de él y ha tenido que liar bártulos y mudarse a la otra esquina del barrio, con la presión de que la inicial es, como las restantes, una base de mecánica única en el cuadro, por lo tanto de obligatorio y estricto aprendizaje para el que la lentitud en el orden de las 240 libras que normalmente pesa, también puede ser un frustrante escollo. Sin embargo, se espera más por sus parciales que por el equipo ya, que mejore en todo y pueda jugar en grandes ligas.

Ante este tipo de situaciones, como la de Viciedo, es que explota ante las narices de cualquiera la realidad extraña del beisbol cubano de hoy: por un lado, llegan algunos con actuaciones únicas de virtuosos el primer año y, por el otro, alguno no puede echarse sobre sus hombros la responsabilidad personal de responder con una faena de superior categoría en una clase de beisbol como la doble A al que se le maltrata por gente que lo desconoce; pero que tiene una imagen decadente de las grandes ligas de hoy que les sirve para medir todo el engranaje del beisbol profesional americano y al suyo propio.

Viciedo fue 504 veces al bate con el Birmingham de doble A, solo conectó 12 jonrones e impulsó 78 carreras; dio 20 dobles; recibió 23 pasaportes de libre tránsito y se ponchó en 89 oportunidades; con 30 errores en 284 lances en tercera base, su promedio de fildeo mas que preocupante fue un ridículo .894

Estos números pueden ser vistos como buenos para un dominicano o un venezolano procedente de academia; pero no para un cubano que llega de una liga a la que se le clasifica como superior a doble A.

En Cuba dicen que Viciedo se proyectaba por los entrenadores como el futuro antesalista y cuarto bate del equipo nacional, y los números que consiguió fueron muy superiores a los de los Barons a la ofensiva; pero, como parte de la controversia alrededor de la clasificación del beisbol cubano de hoy, yo quisiera saber hacia donde miraban esos entrenadores cada vez que bateaban por el territorio que cubría Viciedo, del que nunca fueron capaces ni de sugerir que era terreno equivocado para el joven villareño.

CAMILO PASCUAL O EL TIEMPO EQUIVOCADO


Con Minnesotta, arriba y Washington, debajo. La suerte le esquivó

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Cuando empezó a jugar beisbol era “el hermano de Patato” y en la historia del juego tal vez haya sido el jugador más barato adquirido por un club en una liga profesional, porque la transacción que le envió al Cienfuegos desde el Marianao se concretó así: “…dame 11 bates y llévatelo…” De esa forma los Elefantes de la Liga Cubana adicionaron a su departamento monticular a uno de los más notables y dominantes lanzadores cubanos e hispanos de todos los tiempos.

Patato había sido la estrella del club Ceiba en la temporada juvenil de 1947 y su joven hermano, de solo 13 años, su fanático más apasionado. Después vendría la liga cubana para Carlos, el Big Spring de la Longhorn League, en Texas y, en 1950, los Senadores de Washington. Patato era un corajudo y valioso lanzador y jugador de cuadro de inteligencia innata para el juego, aptitud que le llevó a ser un buscador de talento triunfador y un dirigente de talla, capaz de conducir al Magallanes a la primera Serie del Caribe que ganó Venezuela en 1970. Durante su niñez y adolescencia, observando a su hermano, Camilo se debatía entre jugar el campo corto; o utilizar desde el montículo la serpentina; pero cuando firmó para los sempiternos “malísimos” de siempre, los sotaneros por excelencia de la época cuando las Grandes Ligas eran verdaderamente grandes, los Senadores de Washington del fascinante tema: “Los Senadores de Washington, primeros en la guerra, primeros en la paz y últimos en la Liga Americana”, ya estaba decidido a transitar la posición que le convirtió en leyenda. Tenía solo 17 años cuando comenzó su carrera profesional en Ligas Menores, como Patato, también con los Broncos de Big Spring.

Un dúo dinámicoLuego de tres temporadas de aprendizaje en Ligas Menores, pasó desechado torpemente por el beisbol de hoy que, indudablemente, contribuye a su debilidad porque cuando llegan a Grandes Ligas, fase obligatoria de juego, todavía están en carácter de “colegiales”, Camilo fue ascendido, con 20 años de edad, al equipo matriz del venerable Clark Griffith. Comenzaba el calvario de fracasos de quien presentaban como “el mejor prospecto derecho junto a su compatriota y compañero de equipo, Pedro Ramos”, pero incapaz de poder ganar porque actuaban para un club que, en aquellos años, no sabia como se jugaba al beisbol. El impacto de Camilo y Pedro fue tan grande que, en 1957, los Yanquis de Nueva York proponían medio millón de dólares por ambos, que la mantuvieron hasta 1960.

Las primeras cinco temporadas de Camilo en Grandes Ligas concluyeron con récord de 26-66 y 4.69, pésimo si se le compara con sus números finales de toda una vida: 174-170, con 3.63 clp., 2,167 ponches en 2,930 entradas; 132 completos de 404 abiertos y 36 lechadas; pero en, sus primeras cinco en Minnesotta, con un muy mejorado y reforzado ex Senadores, concluyó con 85-44.

Camilo está entre los 10 primeros lanzadores de los Mellizos en todos los tiempos en porcentaje de ganados y perdidos; entre los que más han ganado; en juegos abiertos y en promedio de limpias por juego; contra lo común hoy de ser sustituidos sin importar la situación del juego, también está entre los diez primeros en juegos completos y en lechadas, cerca de él, Brad Radkle y Johan Santana con 10 uno y menos el otro.

Hombre tranquilo, decente y caballero, según Hal Naragón, que fue receptor del Washington y del Minnesotta durante la era de Camilo en esos equipos y compañero de cuarto en los juegos fuera de la ciudad capital, el lanzador cubano temía responder al teléfono, a pesar de que ya dominaba el inglés como para poderlo hacer y fue el propio Naragón quien le dijo, “…mañana respondes tú…” rompiendo el bloqueo que se auto imponía el cubano sin razón lógica más allá de “hacer el ridículo”.

Camilo Pascual siempre se las arregló para jugar en el invierno en Cuba, a pesar de que por su juventud el dueño de los Senadores, Clark Grffith, temía que por el recargo de trabajo de las Grandes Ligas y el exigente beisbol invernal criollo, sufriera de cansancio conducente a una lesión. De hecho, una vez me comentó que en el único lugar que disfrutaba lanzar era en el estadio del Cerro.

A finales de los 50’s una dirigencia tal vez más preparada, más capaz y de mucha más personalidad que la de hoy en la Confederación de Países del Beisbol Profesional de Invierno, logró un acuerdo con las Ligas Mayores de que cualquier jugador nativo o importado podría actuar en sus ligas asociadas del Caribe: Panamá, Cuba, Venezuela y Puerto Rico sin necesidad del permiso del equipo de Grandes Ligas a que perteneciera; pero, para regular por cuenta propia el asunto, los clubes de las Mayores comenzaron a colocar una proposición de bono en su contrato anual, que era la forma de la “Cláusula de Reserva”, sin el multianual que tanto daño le hace hoy al beisbol y se cuenta que a Camilo Pascual, para la temporada de 1958, le ofrecieron 2,000 dólares por no lanzar con el Cienfuegos; sin embargo, por dolencias reales en el brazo, el oriundo de la Virgen del Camino solo actuó en 3 juegos en aquella campaña 1957-58, que fue ganado por el Mariano con Bob Shaw, Miguel Fornieles y el zurdo Rodolfo Arias como “sota, caballo y rey” de la “Ciudad que Progresa”; después seguiría en la trinchera de los Elefantes hasta la suspensión del beisbol profesional en 1961.

En 1962 Camilo perdió 34 juegos del calendario por lesiones y en 1963, 36; en 1965 ya estaba lesionado de tal forma que, aunque se mantuvo 6 años más en Grandes Ligas, no recuperó otra vez su extraordinaria forma.

Camilo Pascual se resume así en la historia del pitcheo cubano: recta dura y difícil; una de las mejores curvas de todos los tiempos y uno de los tres mejores cambios que se lanzaron durante su era de trabajo como serpentinero. Conocedor natural del juego, por tanto, lanzador de inteligencia intuitiva. Condiciones para haber sido un miembro eminente de Cooperstown al que solamente le escaseó el elemento que nunca se puede dejar en el olvido a la hora cero: la suerte…a este tremendísimo monticulista, como a Ramos, a Consuegra y a Fornieles, les tocó lanzar en el club y en el tiempo equivocado.

DIHIGO DECIDIÓ LA CLASE DE LA LIGA MEJICANA

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Martín Dihigo fue uno de los cuatro mejores y más completos peloteros cubanos de la primera mitad del siglo pasado; en Estados Unidos le llaman de cinco herramientas al que mantenga en niveles idénticos el corrido de las bases, el brazo poderoso, la defensiva en niveles estelares, el bateo y el concepto de jugador inteligente, los otros tres que acompañan a Martín son: Cristóbal Torriente, Lázaro Salazar y Silvio García; ni Alejandro Oms, cuyo brazo era de promedio a pobre; ni Bienvenido Jiménez ni Pablo “Champion” Mesa, porque no bateaban como los mencionados; ni Esteban “Mayari” Montalvo, un fenómeno fugaz, porque solo duró con condiciones súper estelares cuatro años. Pero el Inmortal está considerado el más grande jugador versátil que el juego haya conocido hasta hoy.
 

Su huella solo es comparable a la dejada por Héctor Espino

Si alguna liga profesional le quedó a la medida a quien el cronista Adolfo Fonst apodó El Inmortal hace más de 75 años, fue la Mejicana; nadie brilló tanto ni con tanta intensidad allí como el matancero, de hecho Martín fue el primero en lograr algunos de los récordes individuales para un juego en aquel beisbol que, durante la etapa que le tocó jugar tenía un elevado nivel de competencia.

Tan grande fue el impacto de este extraordinario jugador que se le considera  factor de importancia de primer orden en la evolución del beisbol azteca posterior a 1938.

A pesar de que desde finales de los veintes se conocían en Méjico peloteros cubanos de interés y clase como Alcibíades Palma, Lolo Correa, Agustín Bejerano o el increíble Ramón Bragaña, incluso alguien considerado de “los padres” de ese beisbol como Agustín Verde, no fue sino hasta la llegada de Dihigo para la campaña de 1937 que un jugador de absoluta categoría inmortal de verdad (aunque Bragaña también cuenta) se desplazaba en los difíciles diamantes de aquella pelota con la maestría que le llevó a Cooperstown y que, por su juego en la patria de Juárez, también le convertiría en una de las reliquias del Templo situado en Monterrey.

En 1937, con la cooperación del pitcheo magistral de Martín y de su despiadado bateo, el Águilas de Veracruz se imponía en el circuito que, desde ese momento, se vistió de largo como pasatiempo de fuerza indudable y se convertiría en la verdadera segunda casa del pelotero cubano.

El primer gran resultado de Martín Dihigo en juego sencillo en la Liga Mejicana ocurrió el 15 de septiembre de de 1937, en el parque de la ciudad de Veracruz, cuando dejó sin hits ni carreras al  Nogales en juego que concluyó 4-0 por el club de Jorge Pasquel; además, Dihigo contribuyó con sencillo y doble de dos carreras a su victoria. La trascendencia de este juego resultó porque fue el primer no hit no run que se lanzó en el circuito.

La mañana del domingo 18 de mayo de 1938, en el ya inexistente parque Delta de la capital, se convirtió en el fundador del “Club de los 6-6”  al batear cuadrangular, doble y cuatro sencillos en la victoria del Águilas sobre el Agrario 10-3.

Para el sábado 29 de julio de 1939, en Veracruz, derrotó al entonces Carta Blanca de Monterrey 3-2 con 16 ponches propinados y cuando una semana después, en apertura consecutiva el 5 de agosto abanicó a 18 bateadores de los Alijadores de Tampico en victoria 6-3, se convirtió en dueño absoluto del récord de más ponches propinados en dos aperturas consecutivas no solo para la Mejicana sino para todo el beisbol; pero el Libro Rojo de marcas del beisbol, injustamente, homólogo como récord único el del Meteoro de los Indios de Cleveland, Bob Feller, cuando ese propio año, el 10 de septiembre, dejó con la carabina al hombro a 10 bateadores de los Patirrojos de Boston y el 2 de octubre a 18 de los Patiblancos de Chicago, totalizando 28 ponches, 6 menos que los 34 del Inmortal cubano.

Martín Dihigo fue una de las figuras más destacadas y trascendentales del beisbol cubano, un ídolo genuino dentro y fuera de la Isla, sin dudas, el jugador más sobresaliente de la Liga Mejicana en el periodo 1937-45; es decir, en el momento justo que más necesitó ese circuito a un pelotero de juego y clase semejantes.

Nadie ha prestigiado más el calificativo de Inmortal que Martín Dihigo, que lo fue de verdad y así se le reconoce en cualquier lugar en el que tuvieron el privilegio de disfrutar del juego increíble de tan soberbio pelotero. 

FREDDI GONZÁLEZ TIENE VIDA LIMITADA CON JEFFREY LORIA

Por Andrés Pascual
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Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Cuando Jeffrey Loria declaró que su director seguiría al frente del club de su propiedad a finales del año pasado, interceptaba “una bola” justo antes de que se convirtiera en un alud de dimensiones criticables en el marco de la injusticia.

Sin embargo, los que estamos acostumbrados a seguir el beisbol como objetivo de crónica, sabemos que aquello, de la forma como lo dijo, aparentaba mas una pobre justificación con el propósito de desviar la atención de la verdadera que la buena voluntad de un desmentido “de corazón” ante un chisme de “paparazzi”.
 
Ahora revivió el fantasma del desagrado del dueño por el director cubano y su consecuente expulsión del timón de los Marlins quizás antes de que concluya la campaña, cuando le exigió a un club que está hecho a menos costo que lo que invirtió el doctor Frankestein en su monstruo que, como se sabe, fue a base de cadáveres robados, la clasificación divisional.

Freddy González, dirigente de los MarlinsHay que tener valor para decir en público que lo único que comulga con la oficina del club es la victoria o la entrada en la postemporada, cuando su mejor lanzador y su artillero más popular están en la nómina aun porque la Asociación de Jugadores le exigió al dueño que invirtiera en el equipo las ganancias compartidas… ¿Cuánto tiempo lleva Loria sin invertir ese dinero en el club? ¿Para qué lo usó? ¿Cómo no se ha establecido una sanción de las instancias incumbentes para estos personajes que lloran miseria; viven en mansiones millonarias y se desplazan en autos superlujosos y aviones particulares y que, además, poseen una organización de liga grande?

Yo creo que todo eso se puede hacer porque los Marlins están en la ciudad perfecta para el dueño que no ama al juego y tiene al equipo tal vez para otros menesteres; es decir, porque es una localidad sin pasión ni fanatismo muy ajena a los intereses del beisbol mismo y sin tradición, con una historia de corrupción que en poco tiempo igualará a Chicago de seguir ese rumbo.

Freddi González no es Lipidia Durocher ni Bobby Cox; pero nadie puede decir que lo ha hecho mal al frente del club, porque con lo que le han puesto en las manos cada vez, debió quedar a 100 juegos del primer lugar; sin embargo, los peloteros le han jugado a matarse… Ha recibido críticas de un aficionado que es el más desconocedor de todo el país, que no es capaz de considerar que un director puede ser un estratega o un motivador y el cubano es lo segundo; pero, a pesar de cometer errores en la selección de opciones, tampoco esos superaron lo que hizo correctamente de forma alarmante cuando debió y, a fin de cuentas, para hacer lo que se le exige, necesita un equipo como los Yanquis que, aun con esos, Joe Girardi, que también lo hizo magnifico aquí, hubiera sido agredido en cualquier esquina de Miami por el sabio de galería cualquier noche perdedora del año pasado, a pesar de la Serie Mundial.

Bobby Valentine soñó en la sustitución de Freddi y yo no dudo que, antes de que concluya la temporada, el dirigente que nunca ganó con equipos de presupuesto grande esté al timón de la nave, para eso le traerán algún jugador como refuerzo, campo vedado al cubano; pero, de gran importancia, le van a dar varias veces lo que le dan al González y lo mismo ocurrirá  cuando comience a traer sus asistentes.

Si no es Valentine será otro, pero a Loria no le gusta Freddi, de lo contrario es una ridiculez que se le exija a un dirigente la clasificación sin el valor que hace falta para, por lo menos, comprar el saquito de cemento con el que se cierren un par de huecos en la estructura y, en ese sentido, sin condiciones de apuntalamiento, se expresó el propietario.

Cosas como estas le hacen el peor propietario del equipo más luchadorr de todas las grandes ligas, condición por la que han sorprendido gratamente durante dos temporadas consecutivas; aunque insuficientes en la fuerza necesaria para ganar la división, que es como decir que este individuo no se merece esta novena…ni Miami tampoco.  

NO SE VAYAN, QUE ESTO SE PONE BUENO…

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente. La frase con que titulé este artículo es de marca registrada: la decía Buck Canel cada séptima entrada de cada juego que narrara para poner el encuentro a tono con la tradición americana de que el séptimo episodio es el “de la suerte”; o, en inglés, “el lucky seven”…en resumen, la interpretación correcta seria a lo Johnny Carson: “no se vayan que hay más…”

El caso de las sustancias de crecimiento es ambivalente: de una parte, lo que vaya apareciendo; de la otra, aparenta que hay quienes no quieren cerrar el capítulo. Posiblemente, ni en el 7mo. inning de este juego estemos, entonces lo que vale es la posición del más grande filósofo italoamericano que el beisbol haya producido: “el juego termina cuando termine…” Yogi Berra.

Donde el derecho constitucional no está estructurado para aplastar objetivos de interés, como en este país, en el que todo está “regulado” por más leyes que todas las del resto del mundo desde que se instauró el Derecho Romano, se utilizan frases para no ofender a un delincuente al que todavía no se le han podido establecer acusaciones relacionadas con el acto: “persona de interés…”, “se quiere conversar con…” A veces el tipo mató a la mujer; pero el cadáver no ha aparecido aún y no aparece todavía el arma homicida y, aunque 45 personas lo vieron, no se puede acusar…así es este país y yo no sé si grande o enano por tales formas de actuar, pero es así.

Los Yanquis creían que iban a gozar de un entrenamiento sin diversión alrededor de Alex Rodríguez: ya declaró bajo presión que había utilizado sustancias prohibidas, ¿Que más quiere el público? Bueno, el público no quiere algo más allá que ese harakiri de moral que se practicó, de hecho le perdonó y posiblemente nunca lo apartó como germen de una bacteria mortal para lo que una vez fue el pasatiempo nacional; pero están las leyes, las instancias que deciden más que la preferencia popular por un atleta ¿que es bueno o que es malo? incluso, quien puede ser culpable o inocente ante evidencias y, si bien no acusa muchas veces, pone en sobresalto la normalidad vital de un individuo al incluirlo en el proceso de Alex Rodríguez y su famoso giro del bate.investigaciones como “persona de interés”

Y Alex Rodríguez acaba de ser considerado en el rango de “persona de interés” ante la novísima investigación relacionada con el médico canadiense Tony Galea que involucra, entre otros, a Tiger Woods y al torpedero de los Mets de Nueva York José Reyes; a mi modo de ver y con una frase costumbrista muy utilizada en Cuba cuando se quiere establecer un grado de culpabilidad: “si no mato la vaca, le sujeto una pata…”

El problema es un medicamento hecho a base de plaquetas sanguíneas que también tiene un toque de sangre de becerros que se extrae de la pantorrilla de un atleta lesionado y se inyecta de vuelta luego de centrifugarla, según dicen y han comprobado, funciona ¿“mágicamente”? en la recuperación de lesiones. Esto también es una sustancia prohibida para los deportes.

Mickey Mantle, siempre padeció de piernas lesionadas.El ambiente aparenta una renuencia de instancias oficiales a aceptar cualquier cosa que mejore el rendimiento atlético y la recuperación de las lesiones; unas veces porque afecte la salud del usuario; otras porque afecte la salud de la historia, que también cuenta; o, ¿Qué hubiera pasado si Mickey Mantle hubiese tenido acceso desde 1951 a  esta sustancia? Posiblemente su total de jonrones no estuviera en 536, ni fueran 18 los que conectó en Series Mundiales… ¿Qué hubiera pasado con Sandy Koufax? Estas son suposiciones dignas de tomarse en cuenta en niveles de importancia aunque al fanático de hoy les disguste que “les desvistan sus santos-héroes”, a fin de cuentas, son “héroes con pies de barro”

Sandy Koufax acompañado de René Cárdenas en Dodger StadiumEl contubernio de los dueños, la Asociación de Jugadores y las oficinas del Comisionado sacrificando la limpieza del deporte por la suciedad que produce el dinero indigno y mal habido, como robado, han posibilitado semejante sacrilegio.

Cuatro acusaciones pesan sobre Galea y hay un agravante que consiste en que Mary Anne Catalona, sus asistente, fue pescada en la frontera con, entre otras cosas, HGH en su poder…

Aparentemente los Yanquis, los Mets y quién sabe cuantos más van a tener no solo un entrenamiento “divertido” en los dos sentidos del término, sino que pudiera extenderse algo más allá del primer día oficial de la temporada.

Que nadie lo dude, por reflejos, por apariciones sistemáticas de pruebas condenatorias, el asunto de las sustancias prohibidas parece que solo está comenzando.

MEDIO SIGLO DE DIFERENCIAS EN EL BEISBOL CUBANO

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Comenzó con la tremendísima victoria de los Cubans Sugar Kings en la Pequeña Serie Mundial y el compromiso de hacer realidad un eslogan: “Un paso más y llegamos”…corría 1959 y ocho meses después la organización azucarera era re establecida en Jersey Ciy, ¿Culpables? ¿A quién le importa hoy? Ese cuento de una Cuba subdesarrollada, pobre, decadente y reprimida por 7 años de dicta blanda no hace eco en nadie. Pero la hecatombe llegó con barbas y uniforme color verde olivo,  aplaudida a rabiar hasta el día presente, el primero de enero de 1959.

En febrero de 1959 el Almendares ganó en Venezuela la Serie del Caribe con Camilo como refuerzo; al año siguiente el Cienfuegos coronó con otra victoria la última intervención cubana en eventos de este tipo cerrando el ciclo conocido como Primera Etapa; el derecho Orlando Peña fue el aporte almendarista como refuerzo al triunfo de los Sureños en Panamá.

En febrero de 1961 se jugó el último partido del campeonato invernal con victoria del Cienfuegos contra el Almendares en el mejor y más peleado campeonato de toda la historia del evento, no hubo importados americanos; Fidel quería el 1961-1962, pero de la forma como actuó Olga Tanón en el Concierto para Bobos Obsesionados  en La Habana, que cobra 75000 en su patria por conciertos: gratis. En 1961 bateó de 3-1 el mejor torpedero de la Liga Nacional durante la década en la Serie Mundial actuando por el Cinci contra los Yanquis, Leo Cárdenas, Mr. Automatic, fue un doble a Bill Stafford.

En 1961 Camilo Pascual lideró la Americana con 8 nueve ceros; al año siguiente repitió con 5.  También ganó el primer liderazgo en ponches con 221; en 1962 y 63 repitió con 206 y 202; en 1959 el derecho de la Virgen del Camino, 17-10; en 1962, 22-11 y en 1963 21-9; con 18 completos concluyó delante el 62 y el 63 y en toda la década, como Cárdenas, asistió a 5 Juegos de Estrellas. Solo jugar tanto tiempo para clubes sotaneros y dolores en el brazo desde 1965, impidieron que su record fuera superior a 250 ganados; si alguien dice que Camilo es lo mejor de la serpentina cubana en todos los tiempos, póngale asunto, que pudiera ser…

En 1964 y 65, sus primeros años completos, Pedro Oliva ganó el campeonato de bateo consecutivamente en la Americana; en 1966 quedó en 2do. En 1971 repitió con el liderazgo; record en imparables como novato con 217  hasta que lo rompió Ichiro; Novato del Año de 1964. Considerado el mejor bateador de la Americana en 1969, cinco liderazgos en indiscutibles y 4 en dobles, 8 años de éxito continuado que los tipos que votan para Cooperstown pasan y siguen con malicia evidente cuando llega su resumen. Lo mismo ocurre con Tiant, Héroe del Boston que puso un promedio de clp increíble en la liga con 1,60 y 21-9, pero fue ese el conocido como Año del Pitcher, en que el silencio de los bateadores fue absoluto y  reglamentaron ciertas cosas como la elevación del montículo. Bob Gibson tuvo un promedio de clp de 1.12 con los Cardenales; Carl Yastrsemski, El Halcón Polaco, concluyó al frente de los bateadores de la Americana con .301 y Oliva en tercero con .289…un verdadero relajo que seria superado por los años del bateo y los jonrones desde 1997 hasta 2005.

Muchísimos cubanos tuvieron éxito en Grandes Ligas o en el beisbol invernal durante este medio siglo: Taylor, Campa, lo de Cuellar fue increíble, Versalles fue el primer MVP latino en 1965, Cardenal, Marcelino López, Tito Fuentes, Cuqui Rojas, Tani Pérez, Azcue, Casanova…en 1965 21 cubanos jugaban en Grandes Ligas, en 1967 26, ese fue el número que osciló de acuerdo a la cantidad de criollos en las Mayores durante la década; pero en el Juego de Estrellas de 1974, todavía 4 compatriotas actúan.

Canseco fue un producto de los 80’s; pero la llegada de Garbey fue un renacer nacional en esta pelota; Palmeiro, de 1986; pero lo más grande fue la entrada de Arocha, que volvería a poner el nombre de Cuba en titulares…Osvaldo, Arrojo, Liván, el Duque, Contreras, Alex Sánchez…le decían al beisbol mayor que “la bola estaba viva y en juego” para los cubanos. Betancourt ha gustado a pesar de una temporada mala; pero Kendry Morales y Yunel Escoba, sencillamente, están en línea para recordarle a todo el mundo que el fantasma de Oliva, de Miñoso, de Cardenal…anda por ahí.

De la Isla, además de lamentar el desperdicio de 500 o más jugadores que hubieran jugado aquí, quién sabe con cuantos triunfando absolutamente, no encontré nada ni nadie capaz de competir contra los ligamayoristas, de ayer y de hoy, ni en brillo ni en clase demostrada en niveles de credibilidad real como el beisbol profesional. Se estancaron y decidieron morir allí en medio del ocio y el desgano que se acentúa cada hora que pasa. Ya no hay marcha atrás posible… Amén.

UN ARTÍCULO SUGERENTE DE JESÚS ALBERTO RUBIO

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.El amigo y brillante cronista e historiador del beisbol y no solo mejicano, Jesús Alberto Rubio, resucitó un tema que, por lo menos yo, creía olvidado con respecto al beisbol invernal: la cesantía por bajo rendimiento del importado del Norte; o el abandono de esos torneo por los americanos sin tener en cuenta el estado de los equipos, con las más increíbles e infantiles justificaciones.

Y no es que esas situaciones no se mantuvieran tal vez en todo el firmamento de la Confederación; sino que para nosotros los cubanos, que no estamos al tanto diariamente del invierno caribeño en el beisbol, como que se nos iba olvidando.
 
Cuando leía el artículo de Rubio me dio la impresión de que era uno de Eladio Secades o de René Molina sobre lo mismo durante los cincuenta en Cuba en la revista Bohemia.

Ha sido el fracaso histórico del importado norteño, manejado por la prensa del país con más fanfarrias que cuando Ted Williams regresó de la Guerra.

Las causas del fracaso o del abandono siempre han estado en la incapacidad del jugador del Norte para entender un público diferente que, históricamente, ha exigido el comportamiento del jugador con números exorbitantes en las Menores o en Grandes Ligas de la forma como se supone que se tiene que jugar a la pelota: “dejando el pellejo en el terreno”.

Ese tipo de jugador que camina hacia el plato como el que no tiene ganas de llegar, casi arrastrando el bate, que cuando falla no hay la mínima señal de disgusto consigo mismo porque no pudo contribuir con su esfuerzo a la victoria del equipo; esos jugadores que parecen congeladores no son material de brillo para un público que premia el juego a matarse, el traje sucio por el deslizamiento, en fin, el juego caliente y agresivo del jugador del Caribe. Entonces, en algún momento de la temporada, deberán hacer las maletas y terminar el invierno en el frío de su país.

A Cuba llegó el lanzador sepia Jim Grant importado por el Almendares en 1958, recomendación directa de los Indios de Cleveland a los Azules que, por la vía de su administrador, Monchy de Arcos, mantenían relaciones de trabajo. El tipo llegó a La Habana con la autoridad del superprospecto que ya estaba en la nómina de la tribu, con velocidad casi supersónica y ninguna disposición a adaptarse a un campeonato en el cual el público nunca disfrutó el misil por gusto si no se podía convertir en outs contrarios, pero El Meteoro, como le decían, ni hizo esfuerzos por mejorar el control y debió irse más rápido que la velocidad de su recta.

También existía el jugador que fue regular en Grandes Ligas y que ya no tenia clase para jugar su posición, como Connie Ryan, entonces, sin respeto alguno por la clase de beisbol que se jugaba en Cuba y sin conocerlo incluso, pretendía pasar cuatro meses en las cálidas playas habaneras, ganarse un dinerito extra y superior al que devengaba en Triple A; pero experimentando en otra posición como la de lanzador, por ejemplo…no pasaba un mes y un avión de PanAm lo depositaba en Estados Unidos.

Como había de todo, pues existían los casos de nostalgia, sobre todo de importados jóvenes que no podían, no sabían o no querían manipular el sentimiento, imponerse y quedarse en una liga como la cubana, donde desde el último pelotero al primer fanático, hacían una fiesta permanente el calendario de juegos. Esos jugadores también utilizaban rápido el boleto de vuelta.

Lo mejor y más saludable de aquellas situaciones era el recurso de la reserva del club, del novato criollo que solo esperaba el momento para imponerse en un beisbol tan fuerte y apasionado; o la búsqueda a la carrera en el Norte del veterano que, porque conocía nuestro beisbol y sabia como había que jugar para gustarle al publico y a la gerencia, equilibraba con su pasión y su amor por ese tipo de beisbol la pérdida de sus facultades y los casos de Jack Cassini, Forrest Jacobs o Howerton y Chapman son ejemplos magníficos.

Hoy, aparentemente, los equipos de la Liga Mejicana del Pacifico han decidido no efectuar los cambios a media temporada por bajo rendimiento, por apatía o por nostalgia del americano, sencillamente, según Jesús, inician con el jugador caribeño, más apasionado, más conocedor y más preparado para ese beisbol que el importado de actuaciones fabulosas en la Costa del Pacifico o en la Liga Internacional, incapaz no solo de jugar como exigen nuestros países; sino imposibilitado de identificarse con un tipo de público único que, por tal razón, no perdona la frialdad en el terreno de juego.  

CIERTOS RÉCORDS O MIENTRAS MÁS AÑOS PASEN…

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Cuando Ted Williams bateó sobre cuatrocientos en 1941 fue un acontecimiento, no caben dudas de que ese guarismo es de respeto siempre y, tanto, que solo ciertos elegidos en el juego como por decreto divino han podido hacerlo. Sin embargo, Bill Terry, inicialista de los Gigantes de Nueva York, había conectado .401 en 1931 y, entre 1920 y 1930, varios jugadores lograron montarse en el dificilísimo y hoy casi imposible potro.

En 1920 George Sisler bateó .407 y en 1922 .420, dejando detrás el .401 que alcanzaron Ty Cobb y Roger Hornsby; en el caso de Cobb, era la tercera vez que bateaba sobre .400 y en 1924 y 1925, El Rajá de los Cardenales puso su promedio en .420 y .403;  pero Harry Heilman terminó la campaña de 1923 con .403

Una marca en el beisbol será capaz de lograr la total atención del público y de los eruditos en la medida que los años pasen y, mientras más años sin igualarla, más se multiplica la reverencia; pero cuando Williams bateó sobre .400 en 1941, solo hacia 10 años que Terry lo había logrado, iniciando una década que tuvo como precedente otra en la que se conectó 6 veces sobre el promedio…pero el tiempo pasó y, hoy, 69 años después de lo hecho por el artillero del Boston, es que se entiende perfectamente el sentido de ese récord y se reconocen las habilidades de los que lo lograron como de bateadores “fuera de lo común”

Y para los récords del beisbol no cuenta el “por poco…”, como tampoco para el bateador que abanica un lanzamiento el “si la coge…” no, no, eso no es serio; ahora, si el zurdo Lefty O’Doul, en vez de conectar para .398 se hubiera montado sobre .400, ¿estuviera en Cooperstown? Concluyó con .357 y dos campeonatos de bateo en once temporadas…

En 1968 Dennis McClain se convirtió en el último serpentinero en ganar 30 o más juegos en la Liga Americana al lograr récord de 31-6 con 1.96, por tal razón ganó los trofeos de Jugador Más Valioso y el Cy Young en el joven circuito; ambos premios también los obtuvo Bob Gibson en la Liga Nacional con 22-9 y 1.12 en lo que llaman el Año del lanzador porque el campeonato de bateo en la Liga Americana lo obtuvo Carl Yasterzemski con .301.

El último lanzador de 30 juegos ganados en el Viejo Circuito fue Dizzy Dean, cuando terminó la campaña de 1934 con 30-7; Dean terminó 1935 con 28-12.

Es decir, que desde que Dean ganara 30 hasta el año de los 31 del pitcher del Detroit, pasaron 34 años; pero desde que McClain alcanzó la marca hasta hoy hace 40 aos.
 
Hay un detalle lamentable con los 31 juegos ganados de Dennis McClain y es que acaso sea la única marca significativa que no se festejoó ni recordó de acuerdo a lo que representa en el beisbol, porque su autor cumplió prisión por complicaciones en apuestas ilegales y raqueterismo.

Pero hay otras marcas o hazañas en el beisbol que quizás no se hicieron antes porque no estaban en la categoría de casi fantásticas en que las ha colocado el tiempo, por ejemplo, el primer jugador de 40-40 fue José Canseco en 1988, después lo hicieron Barry Bonds y Alex Rodríguez. Es difícil robar 40 o más bases y batear 40 o más cuadrangulares; pero en 1993, en Miami, con Cuqui Rojas presente, le pregunté a Willie Mays que cuál fue la razón por la que él, Aaron, Frank Robinson o Mickey Mantle no establecieron primero que todos el doble guarismo de 40-40. La respuesta fue que quizás en aquella época y más atrás, eso no se tenía tan en cuenta como para decidir o influir sobre la capacidad o el juego en sentido general de peloteros que eran completos de la gorra a los spikes y que lo más importante era ganar.

Yo le creí, porque ningún jugador de esta era puede considerarse ni la chancleta de aquellos cuatro; pero, sobre todo, de Willie Mays.

En cuestión de 21 años se implantó el 40-40, batido tres veces en total…si Mays, Aaron, Robinson, Mantle…hubieran tenido como objetivo el 40-40, yo creo que la marca tal vez fuera 50-50…Ah! Algo que no se puede dejar sin consideración nunca: ganaban en un año lo que Alex Rodríguez cuando le tira a un lanzamiento… ¡A uno solo!

POR ALGO LE DECÍAN EL PREMIER: MARRERO

Bucky Harris y Conrado Marrero.

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.coml

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.A Conrado Marrero lo bautizó como “El Premier” uno de los cronistas del sector en la Cuba de los 30’s y los 40’s; Eladio Secades escribió sobre esa historia en una crónica de la lechada que le propino el lanzador a Panamá en la Serie del Caribe de 1954 celebrada en Puerto Rico; el titulo del material, publicado en un suplemento deportivo dominical de Diario de la Marina, muy sugerente porque ya Marrero colgaba el traje definitivamente, fue: “Siempre el Premier”; pero no recuerdo ahora si Eladio se refirió a Pedro Galiana, a Fausto Lavilla, a Yiyo Jiménez o a Sergio Varona; ahora, entre estos se encuentra el responsable de tamaño apodo al monticulista que, si bien no se puede considerar como lo mejor de Cuba en todas las épocas, si es fácilmente proyectable como el mas popular y el que mas ha trascendido en el tiempo en calidad de recuerdo.

Ahora, la forma como se manejan los nombres de las grandes figuras del pasado en la Cuba de hoy, ha posibilitado que el nombre del “Guajiro de Laberinto” alcance un nivel de importancia superior a Luque y a Méndez; porque en esa Cuba la figura del pasado no importa por lo que fue profesionalmente, sino por haberse quedado o no allá a partir de 1959 y, sobre todo y aunque hubiera fallecido antes de ese año, porque tenga aristas de su personalidad en relación con el castrismo útiles; o, como dicen ellos, “manejables a favor”

El mejor lanzador cubano de todos los tiempos es Adolfo Luque, que nunca estará en Cooperstown, superior incluso a José de la Caridad Méndez, que ya está, y a Luís Tiant, que posiblemente le elijan en la próxima vuelta. “Papá Montero” es una de “las vacas sagradas” del deporte profesional cubano junto a Alfredo D’Oro, billarista; a José R. Capablanca, trebejista y a Kid Chocolate, boxeador.

Pero Marrero fue uno de los lanzadores más inteligentes de Cuba en todos los tiempos y, eso sí, posiblemente ningún lanzador cubano tuvo su control.

Mientras varios cubanos tuvieron acceso a las grandes ligas con estancia efímera en tal clasificación como suplentes de los americanos que marchaban al frente durante la Segunda Guerra Mundial, Marrero firmó como profesional en 1945 y alcanzó el nivel de liga grande en 1949, a la edad increíble de 39 años…

Lo que significa que llegó a ese nivel por su clase y logró mantenerse durante cinco años como abridor de los Senadores de Washington, el club del eslogan famoso de: “Washington, primero en la guerra, primero en la paz y último en la Liga Americana”.

Lo que le permitió mantenerse cinco años cuando ya un lanzador, en más del 95 % de los casos se retira, fue que no dependió nunca de velocidad y, en su primera temporada, se le consideró para el premio Novato del Año; incluso fue seleccionado al juego de estrellas de 1951 y concluyó el año con 11-9 y 3,90 para terminar 1952 con 11-8, 2,88 y el # 34 en la votación al Jugador Más Valioso; pero, lo que representa un sello de distinción en la carrera de Marrero fue lo que le declaró Ted Williams a un periódico de Boston en 1950: “Y está ese cubano que parece que lo enterraron hasta la cintura en la lomita; pero que si hubiera 10 más como él muy pocos podrían batear sobre .300” Y hay que reconocer que Williams tuvo números altos en sus enfrentamientos con el criollo.

Conrado Marrero no fue un serpentinero de curvas de “arcos de barril” y menos de rectas supersónicas que levantaran en vilo a la concurrencia, tampoco experimentó con el nudillo o el tenedor; no, Marrero no le quitaba el slider o curva hacia fuera, como se le decía antes al lanzamiento, a nadie, combinándolo solo con un control punto menos que impecable de la zona de strike y con una inteligencia aplicada a la faena digna de un especialista de cálculo integral. Ese era el rendimiento del “Premier de los Lanzadores de Cuba”, diferente al de Dihigo, al del Brujo Rossell, al del Profesor Ramón Bragaña, al de Camilo, pero similar en control, coraje y disposición ante la victoria, al de Adolfo Luque.

Según Andrés Fleitas, que le recibió en las selecciones amateurs Cuba de la época y en los Azules del Almendares, Marrero podía liquidar un juego con 89 lanzamientos hoy, mañana otro con 93 y un tercero con 95 y, entre los tres, haber utilizado solo en 10 o 15 oportunidades la recta.

Según los que lo vieron: fanáticos, jugadores y prensa que lo cubrió, este pequeño lanzador de 5’6 y 158 libras de peso en su mejor forma, debe de ser uno de los de mejor control en toda la historia del beisbol; acaso comparable a Gregg Maddux hoy.

¿Por qué no se debe considerar al Premier el mejor lanzador cubano de todos los tiempos? Sencillamente, porque en Grandes Ligas hubo otros que tuvieron un nivel de impresión mayor; o en las Ligas Negras, con etapas de esplendor en niveles de inmortalidad, lo que acaso se justifique también con que Marrero se demoró hasta los 35 años para dar el salto del circuito amateur al profesional; sin embargo, como en el caso del Duque Hernández, la pregunta que siempre queda pendiente e imposible de responder es ¿Cuáles serian sus números si hubieran firmado a los 20 anos? ¿A qué estrato pertenecerían no solo en el beisbol cubano? A la elite casi seguro e, irresponsablemente, hablo de Cooperstown.

En un grupo de diez lanzadores, a pesar de nombres como Tiant, Méndez, Dihigo, Bragaña, Luque, Camilo, Liván, el Duque, Bombin Pedroso, Rossell, Cocaína…a Marrero hay que incluirlo con obligación meridiana.

Marrero empezó con la Casa Stany de Cienfuegos al lado de Anselmo Fleitas,  hermano de Ángel y Andrés, a quien apodaban “el Babe Ruth villareño”, eso seria por 1935 y la historia que se contaba era la de “hay un guajiro que no hay quien le batée”, la Casa Stany se convirtió después en el Cienfuegos de la Unión Atlética; la leyenda del Guajiro de Laberinto o El Premier de los lanzadores cubanos, había comenzado…

El villareño tuvo la dicha de jugar en una etapa que quedó fija en el recuerdo fanático: el período 1938-1945, que se puede considerar como la del mejor beisbol amateur que se jugó en la Isla y como la del despegue del beisbol profesional definitivamente; pero no es la mejor del beisbol en Cuba, esa pudiera considerarse al periodo profesional 1946-1960.

Cuando concluyó su carrera como lanzador, incursionó en la dirección del Almendares, entonces comprobó la ingratitud del público cuando los mismos que le alabaron en niveles de dios del pitcheo le abuchearon y rechazaron; porque, por su personalidad, no tenia condiciones para imponerse como timonel y fue un sonado fracaso, mas de quien le eligió para tamaña responsabilidad sin haber tenido en cuenta su carácter, que del propio ex lanzador por los errores cometidos al frente del popular club. Con Marrero dirigiendo a los Azules se quiso explotar su historia y el fanatismo que arrastraba, sin considerar que “agua pasada no mueve molino” y que, a la hora de decidir a quien apoyar, los fanáticos siempre lo son del equipo, en cualquier lugar.

Después fue asistente de banco de los propios Alacranes y de los Cubans Sugar Kings.

Marrero no iba a saltar al profesionalismo, ni le gustaba ni lo necesitaba; pero cuando en 1945 le lanzó a una selección de profesionales en Camaguey, las autoridades amateurs lo suspendieron, como le había ocurrido antes al torpedero Quilla Valdés, decidiéndolo a probar suerte en el beisbol rentado, de la que dudaba que lo acompañara; porque, decía, “si yo no llego al plato, ¿Como voy a lanzar ahí?”

La injusta autovaloración del lanzador ante el reto de los profesionales quedó hecha polvo al inscribirse con letras de oro tan grandes o más que en el amateurismo…

La leyenda de Conrado Marrero, el Premier o el Guajiro, se ha elevado tanto que pertenece a la categoría de mito del deporte nacional cubano.

EN MÉJICO SE DISPARA LA ALARMA POR EL BEISBOL

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.coml

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Cada rato leo comentarios de cronistas mejicanos preocupados por el cada vez más estrecho cerco que le tiende el balompié al beisbol en el país azteca; sin embargo, aunque parezca un disparate, no es solo allí que ocurre: en Cuba, cuando Castro decidió politizar el deporte y puso el erario en función de la propaganda ideológica, el beisbol se afectó notablemente por la puesta en marcha de la política de poli deportivismo paralelo lo que, a través de 50 años, le ha robado un 40 % aproximadamente de participación masiva al beisbol y los resultados de esa política se recogen hoy. En la Isla se ha llegado tan lejos que el balompié forma parte del plato fuerte en la oferta deportiva nacional, para el que no ponen obstáculo en promover  el profesionalismo en los medios.

Venezuela, con una afición cada vez mas inclinada al balompié y con un posible rumbo al “desarrollo polideportivo” por influencia cubana, es cuestión de tiempo que comience a preocupar a los interesados por la salud del beisbol allá, como todo.

En Puerto Rico, porque sus jugadores son sometidos al sorteo colegial americano y por errores en el manejo organizativo de la liga profesional de invierno, se puede decir que el beisbol cayó al segundo lugar en preferencia con respecto al baloncesto, con el voleibol ganando terreno en la carrera de interés popular por cada tramo que se corra.

Dominicana, porque no alcanza el desarrollo deportivo en sentido general de los tres mencionados, mantiene índices notables de producción de jugadores y un fanatismo de cierta forma adecuado por su asistencia al campeonato invernal; hasta ahora, la proyección futura que salva al beisbol del Caribe está ahí.

Con respecto al área, a las ligas invernales, nadie puede dudar que la Confederación, que aglutina como organismo rector a los países miembros, no recibe apoyo del beisbol mayor que, aparentemente, o están ciegos; o no les interesa la forma tradicional de tratamiento de la cantera caribeña, porque acaso consideren que el sistema de “academias” puede sustituir con éxito el tradicionalismo eficiente.

Si las ligas invernales pierden fuerza o desaparecen bajo los efectos de la asfixia económica, a pesar de las academias, el beisbol se hunde, porque no soportara la ausencia de publico que no solo genera dinero; sino atletas, que siempre han sido ese niño interesado en el beisbol a través de su ídolo local, con el que se relaciona visualmente de la mano del padre en su visita al estadio: sin ídolos locales, sin clubes locales en ligas profesionales de interés, se agota la cantera a mas o menos mediano plazo…

Cuando los mandamases del Beisbol Organizado, por la forma poco respetuosa encubierta como tratan a la Confederación y su dirigencia, impiden el importado de clase y privan al público local de apreciar en sus predios a la estrella nativa con prohibiciones y estímulos para que no juegue allí, ¿Acaso son tan ciegos que no visualizan la posible catástrofe futura? o, ¿Existe otro área de interés que entienden, por razones no descubiertas, que pueda suplantar la cantera regional del área centroamericana y del Caribe? Entiéndase todo esto como especulativo, pero digno de comentarse, “por si las moscas…”

El Asia en su totalidad incluida China con una población tan amplia como para uso de bazares en venta al por mayor; el Pacifico con Australia a la cabeza, incluso las Islas Holandesas, están recibiendo un tratamiento peligroso para el área considerada antigua en el desarrollo del beisbol; aunque beneficioso, aparentemente, para las Grandes Ligas… Nadie pude dudar que la máxima de: “lo que es bueno para unos no obligatoriamente debe serlo para otros…”

Yo creo que el Beisbol Organizado apostó ya por, sobre todo, Asia y, en especial, Japón, con Taiwán y Corea del Sur, dejando a China en rol de experimento con la que ya existen lazos de trabajo en el terreno para desarrollar sus jugadores que, a fin de cuentas, serán los Yanquis o los Cardenales en nadie sabe cuanto tiempo.

El problema mejicano es extraño: con un fanatismo cada día más amplio por el balompié en detrimento no solo del beisbol como deporte, observe la actualidad boxística mejicana y verá las nubes negras en el futuro de este deporte allí; pero con resultados de verdadera consideración estelar en la pelota y el pugilismo, el beisbol cada día se aleja más en el interés fanático y, abrumadoramente, está casi ausente, comparado con el balompié, en el tratamiento mediático como resultado de que quien más público atrae, pues más dinero mete en la registradora, ¿De quién es la culpa en la catástrofe del beisbol azteca? Bien vale la pena un estudio de todo lo interesante que afecte al sector a ver si todavía tienen oportunidad de recuperar aunque sea una porción del publico que ya, hoy, aparenta perdida irremediable.

Para el beisbol en toda América, el relevo de las antiguas y preocupadas generaciones de dueños y oficiales de oficina por nuevas solo preocupadas en el protagonismo ineficaz y poco eficiente, se está convirtiendo en la tumba del más bello e interesante de todos los deportes. Méjico, afectado seriamente, ya encendió la alarma.

¿CARDENAL INMORTAL DEL BEISBOL CUBANO? POR SUPUESTO

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.En el 2001, en entrevista que le brindó a ESPN, Pete Rose declaró: “…usted podía entrar a la casa club y oír el zzzzzzzzzz…del taladro, era José Cardenal encorchando bates; yo batee una vez con uno así…” pero, más adelante, Rose declara que nunca había bateado con bates alterados. Tal vez lo peor de este hombre para que limpien una imagen que no aguanta más suciedad por lo de las apuestas y sus colaterales, sea esa forma de complicar y contradecirse.

Rose perteneció a la llamada Maquinaria Roja, el formidable club que dirigió Sparky Anderson durante los 70’s y sobre el que circularon rumores de “tratamiento” de los bates con acusaciones especificas sobre Joe Morgan por uno que tenia que ver con eliminar el barniz y someterlo a un secado que endurecía la madera sin afectar el peso. Incluso algunos vincularon a Venezuela y especialmente a David Concepción como intermediario de la violación. Solo han sido rumores, no comprobaciones.

Pero ningún compañero del gran jardinero cubano, en alguno de los varios clubes que jugó, afirmó nunca que sea verdad lo dicho por The Hustle”.

José Rosario Domecq Cardenal, que prescindió de su primer apellido aquí para no tener que litigar con la marca reconocida del coñac de igual nombre, que nació en Matanzas el 7 de octubre de 1943, fue un descubrimiento de Lázaro Ruiz, el Zar de la pelota juvenil cubana durante la década de los cincuentas, un director-instructor de prestigio y capacidad indiscutibles y con el ojo clínico natural de quien fue busca talentos por muchos años para organizaciones de grandes ligas muy ligado al inmortal Alex Pompéz.

Lázaro colocó al joven de solo 14 años en uno de los dos grandes equipos de peloteros juveniles de su propiedad en La Habana, al lado de estrellas en embrión como Luís Tiant, Marcelino López, Bert Campaneris, Tito Fuentes o Habichuelas Gómez…el Mantilla, un verdadero trabuco en esa categoría en toda Cuba.

El apellido de Cheito, como le llaman, era conocido en el beisbol profesional cubano porque Pedro “Tronquito”, un buen jardinero y bateador del Habana en la Liga Invernal era su hermano; después cobró notoriedad el lazo familiar que le unía como primo al campo corto Bert Campaneris.

José Cardenal fue firmado a finales de 1959 para los Gigantes por Alex Pompéz con Lázaro como intermediario en una sesión de pruebas de las que todavía se queja Campaneris porque “Lázaro no lo convocó”, claro, Campy no era lo que se conoció después; sino un joven de 17 años, 5’7 y 145 libras de peso que, como receptor, a pesar de haber integrado el equipo Cuba en 1961, nadie estaba dispuesto a arriesgar su dinero con él, porque podía convertirse en un colosal desperdicio.

José Cardenal debutó con los Gigantes de San Francisco el 14 de abril de 1963 como corredor suplente contra los Oseznos. En las temporadas 63 y 64 solo jugó 29 partidos; ni Cardenal ni el extraordinario Mateito Alou pudieron perforar la barrera que representaban Willie Mays, Willie McCovey y Felipe Alou como guardabosques.

En 1964 los Gigantes les enviaron a los Angelinos de California permaneciendo en la Costa Oeste entre 1965-67 y desde donde le adquirió el Cleveland para las temporadas 68 y 69.

La década de los 70’s jugó para cinco clubes diferentes: Cardenales, 70-71; Cerveceros de Milwaukee en la segunda mitad de 1971; Cachorros de Chicago, 72-77; Filis de Filadelfia, 78 y 79 y Mets de Nueva York, 1979-80 (primera mitad de la temporada de 1980), para concluir la segunda parte con los Reales de Kansas City, a los que llegó en el momento justo para ser elegible en la nómina a la Serie Mundial de ese año contra los Filis y que ganaron estos con el tremendisimo Steve Carlton como pistola de calibre mayor en el montículo y el antesalista Mike Schmidt como cañonero de lujo. En el último juego Cardenal le encendió dos cohetes en tres veces al bate a Carlton.

El cubano es uno de un grupo de cinco que concluyeron su carrera con una aparición al bate en una Serie Mundial: su hit en el 9no. episodio del 6to. juego en 1980 llenó las bases y representó la carrera del empate, dando esperanza adicional a los Reales de realizar un regreso a la línea con el juego 1-4 en contra; pero Tug McGraw, de relevo, ponchó a Willie Wilson para liquidar el esbozo de entusiasmo del equipo de la Liga Americana y concluir dramáticamente las angustias de los representantes del viejo circuito.

Con un promedio general de .275 en 18 temporadas en las Mayores, 1,913 imparables; 138 jonrones; 775 carreras impulsadas y 139 bases robadas; en un año empató el record para un jardinero de dos dobles jugadas sin asistencia; nueve temporadas de 20 o más dobles y 20 bases robadas, cuatro de estas en uniforme Cachorro.

Fue en Chicago que logró sus mejores números por temporada: 17 jonrones en 1972; dobles, 35 en 1974; anotadas, 96 en 1972; hits, 182 en 1975; porcentaje de embasamiento, .397 en 1975; y promedio de bases recorridas con .454 en 1972.

Una curiosidad: cuando su primo Bert Campaneris jugó las 9 posiciones para los Atléticos de Kansas City en 1965, al primer bateador que enfrentó como lanzador fue a Cardenal, que le bateó por segunda para un fácil out.

Bateador natural de líneas, fue nombrado jugador más valioso de los Oseznos en 1973 y el 2 de mayo de 1976 empató y decidió uno de los más dramáticos juegos en la historia de la franquicia, al igualar el desafió contra los Gigantes con un jonron de dos carreras en el noveno y decidirlo con doble también de un par de anotaciones en el episodio catorce. El marcador final fue 7-6.

El 25 de abril, cuando Rick Monday logró arrebatarle la bandera a un grupo de antiamericanos facinerosos en los jardines de Dodger Stadium, la que pretendían quemar, el bosque izquierdo de los Cachorros de Chicago de tan memorable y patriótico juego estaba cubierto por José Cardenal.

Con 5’10 y 165 libras en su mejor momento, podía batear con poder y poseía una velocidad y una explosividad notables, tanto en bases como hacia primera y en el desplazamiento defendiendo hacia todos los ángulos con buen brazo.

Cuando Alfonso Soriano llegó a los Oseznos con miras a ocupar los jardines, fue Cardenal el encargado de trabajar con el quisqueyano para adaptarlo a la nueva posición; pero primero le pidieron una opinión, he aquí lo que dijo: “…lo primero es observar como le parte y como sigue los batazos; esto será completamente nuevo para él, todo el mundo piensa que es llegar y coger elevados; pero estamos hablando de líneas, del viento, del muro detrás y a un lado, de quien corre en bases y adonde vas a tirar, mira que facilito…”

En 18 campañas en la Gran Carpa sin nunca ser bajado a las Ligas Menores hablan por si solo de la alta clase del matancero. Cardenal ocupa el # 56 entre los mejores peloteros de los Cachorros de Chicago, una de las mejores adquisiciones de la historia de este club adonde llegó, en cambio que envolvió a 4 jugadores con los Cerveceros de Milwaukee, el 3 de diciembre de 1971.

José Cardenal es uno de los jugadores cubanos considerables entre los 10 mejores de posición que haya producido la Isla y, posiblemente, entre los mejores 50 producidos por Hispanoamérica.

Asistente del Chicago, del Tampa, de los Yanquis…hoy le aporta su clase y conocimientos como instructor a los jóvenes de la organización de reciente edición Nacionales de Washington.
     

CURIOSIDADES, RECORDES Y HECHOS NOTABLES

Por Andrés Pascual
Andrespascual8@aol.com
 
Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Cuando la Liga Nacional derrotó 4-3 a la Americana en 1950 en el estadio Comiskey Park, casa de las Medias Blancas de Chicago,  este escenario se convertía en el primero en el cual la selección de astros del Viejo Circuito se imponía a su similar más joven, luego de perder ocho juegos consecutivos en los terrenos en que sentaban cátedra DiMaggio y Williams anualmente.

Don Drysdale, serpentinero que lanzó para los Dogers de Brooklyn y de Los Ángeles, fue el que ejecutó el primer lanzamiento en un Juego de Estrellas y en una Serie Mundial en la Costa Oeste del país, ambos en 1959, cuando el segundo encuentro de astros del año-entre 1959 y 1963 se jugaban dos anualmente-, se celebró el 3 de agosto en el Coliseo y el tercer juego de la Serie Mundial el 4 de octubre también. Fue Drysdale el pitcher que realizó el primer lanzamiento en el primer Juego de Estrellas en estadio techado al hacerlo en 1968 en el Astrodome de Houston.

Babe Herman, de los Rojos de Cincinnatti, es uno de esos peloteros que quedan del “buen tiempo ido” que no pertenece a Cooperstown y sus méritos como bateador nadie los puede negar…Sus detractores, comúnmente, justifican la injusticia con que era un mal defensor; sin embargo, en ese recinto hay algunos “que se las traen” a la hora de de contabilizar jugadores brutos y erráticos. Pero el 10 de julio de 1935, haciendo lo que si aprendió con calificación de excelente, Herman bateó el primer jonron en juego nocturno contra los Dodgers de Brooklyn.


Algo que tenían en común casi todos los “vaqueros”, héroes de la matinée infantil de los que ya tenemos nietos-o biznietos-, fue su fanatismo por el béisbol. Desde Ken Maynard, pasando por John Wayne y Charles Starret hasta Ronald Reagan, el béisbol estuvo entre sus preferencias como pasatiempo nacional. Gene Autry llegó más lejos y fue el propietario de la organización que hoy juega como los Angelitos de los Ángeles; pero una vez los Rojos de Cincinnatti le enviaron un saco de la segunda base autografiado al popular cowboy Roy Rogers, porque en el lugar donde situaron esa base en Riverfront Estadio, estuvo la casa en la que vivió su infancia nuestro inolvidable héroe.

En realidad, el béisbol ha sido un elemento vinculado al sector artístico durante mucho tiempo, de tal forma que obras de teatro y películas han desarrollado argumentos relativos al juego; como ejemplos famosos, fue un guionista de teatro quien escribió el himno de este deporte, “Llévame al béisbol” y, entre las historias fantasiosas con que justifican el pase de Babe Ruth a los Yanquis de Nueva York, la más popular es que el dueño de las Medias Rojas necesitaba dinero para poner una obra teatral en Broadway.

Roy Rogers y su caballo Trigger

En Cuba, un popular compositor, padre moderno del ritmo cubano guaracha, apodado Nico Saquito, fue un gran defensor del jardín central que casi firma con el Habana, lo que no logró porque perdió un ojo accidentalmente.

El popular Nico Saquito en La Habana

Jackie Robinson no solo fue el primer jugador negro oficialmente reconocido en actuar en Grandes Ligas en la era moderna; sino que fue el primer jugador que recibió el premio de Novato del Año en 1947. Cuarenta años después le cambiaron el nombre al galardón por el de Trofeo Jackie Robinson; pero todo el mundo lo sigue reconociendo como Novato del Ano.

 

Respeto cualquier opinión; pero las exageraciones tendenciosas no… Resulta que en un libro de un investigador de una universidad de la Florida, americano y mayor de edad, se contempla que fue la Liga Mejicana de la era Pasquel la primera en integrar el béisbol, ¿Cuál es la razón para desinformar gratuitamente al público así? Yo no dudo que hubiera podido ser si no hubiera existido la Liga Cubana de Béisbol Profesional, que nació integrada en aquel lejano ya diciembre de 1878. Incluso, durante las últimas dos décadas del siglo antepasado y la primera década del siglo pasado, no solo jugadores negros cubanos estaban ahí (Méndez, 1908; Bustamante, 1902…); sino que los negros americanos integraron clubes cubanos durante esa etapa.

    Libro “Al Sur de la barrera racial”, de John Virtue

También contempla el “analista” que la aparición de los Havana Cubans fue una manipulación del Béisbol Organizado para bloquear la posibilidad de que Jorge Pasquel acabara con las Grandes Ligas, pero no dice que Baldomero “MERITO” Acosta hacia gestiones desde 1940 para colocar un club de Liga Menor en La Habana y que fue el precio del azúcar lo que se llevó “el gato al agua” por el crecimiento del poder adquisitivo en la capital cubana, mejorando el estado de vida del pueblo y de La Habana en especifico.

  El día de la firma de Lou Klein, Bernardo, Jorge, Klein y Mario Pasquel

Si algo siempre tengo en cuenta para analizar el caso Pasquel como, mas que una locura, una idiotez, es que a los jugadores negros le interesaban los estadios de su país en Grandes Ligas; ante la novedad de la caída del muro racial en 1947, nadie pudo evitar que firmaran con clubes del Béisbol Organizado; incluso ya viejos y lesionados, preferían el béisbol de Ligas Menores estadounidense que cualquier otro. Lo de los Pasquel fue una osadía insensata: un millonario mejicano no podía enfrentar a 16 o más americanos con más dinero que  aquella familia completa, dueños de equipos, a la hora de competir financieramente; sin embargo, dieron bonita pelea durante menos de un minuto.

      
  Eddie Grant en 1913
     

El 27 de junio de 1917 el receptor de los Bravos Hank Gowdy se convirtió en el primer jugador de Grandes Ligas en entrar al Servicio Militar durante la Primera Guerra Mundial y en octubre del año siguiente, Eddie Grant, ex antesalista de los Filis de Filadelfia, en el primer pelotero de Ligas Mayores muerto en combate.      
     

Marge Schott, la fallecida ex propietaria de los Rojos de Cincinnatti, tuvo un antecedente en el Béisbol Organizado: Helen Britton, que asumió completamente el control de los Cardenales de San Luís en 1911; después de la muerte de su tío Stanley Robinson, manejó el club hasta 1916…cuando caso, lo vendió y se apartó de las operaciones; pero, después que se divorció,  regresó como Presidenta para la temporada de 1919, convirtiéndose en la primera mujer en estar en ese nivel en Grandes Ligas.

A las 12:32 de la tarde del 4 de mayo de 1975, en el Candlestick Park, los Astros de Houston tenían como corredores embasados a José Cruz en primera y a Bob Watson en segunda, el bateador en turno para enfrentar a John Montefusco, de los Gigantes de San Francisco, era Milton May, que enderezó una curva rápida (slider) y la sacó por todo lo largo del jardín central-derecho; cuando Watson anotó desde la segunda, se convirtió en la anotación número un millón de la historia de las Grandes Ligas.

En realidad la racha de juegos consecutivos de 2,130 de Columbia Lou Gehrig comenzó el primero de junio de 1925 cuando sustituyó como bateador emergente al campo corto Pee Wee Wanninger. El juego fue contra los Senadores de Washington. Pero el 6 de mayo del propio ano, Wanninger reemplazó en el campo corto a Everett Scott finalizando la racha anterior de este jugador, hasta ese momento, la más prolongada en el béisbol, de 1,307.

Pero Jim Edmons tuvo que correr más hacia atrás que lo que corrió Willie Mays en la Serie Mundial de 1954 para buscar un batazo por el centro de espaldas al plato; incluso, se tuvo que zambullir por la pérdida del equilibrio al llegar a la lomita que nadie sabe a que inteligente se le ocurrió hacer en el centerfield para pescar la pelota. Esta jugada es conocida como “La Atrapada” y ocurrió en 10 de junio de 1997, en Kansas City, cuando el extraordinario jardinero central jugaba para Anaheim.

El primero de mayo de 1920, Babe Ruth bateó su primer jonron como Yanqui; se lo dio al zurdo Herb Pennock, del Boston. El lanzador fue compañero del Bambino en los Medias Rojas y, poco después, se reunirían en los Yanquis. La estancia de Pennock en el club del Coronel Ruppert, le trilló el camino a Cooperstown.

Babe Ruth no era como Williams en el sentido de “catedrático del bateo”, Ted podía decirle el lanzamiento con el que conectó y sus anexos; pero el Babe, normalmente, decía: “Cuando llego a la cueva todos quieren que les de una clase sobre lo que hice luego de un jonron y yo me limito a: me parecía buena y le tire…”

Babe Ruth al bate

Robin Roberts, estelarisimo lanzador de los Filis de Filadelfia durante la década de los “Niños precoces” (The Whiz Kids), dijo en una oportunidad que su único temor en el juego fue que Mickey Mantle bateara al terreno hacia el, en Juego de Estrellas, claro. De esa forma, retraba el inmortal lanzador lo recio del bateo de Don Miguel-apodo que le puso Buck Canel en la Serie Mundial de 1953-, posiblemente nunca igualado.

Esta es la dimensión del batazo de Mickey Mantle a Fischer en 1954

Mantle le dio a una bola que rebotó en los asientos del jardín derecho, zona alta,  del estadio de Detroit y, cuando la revisaron, tenia levantada una parte del cuero. Al cubano Pedro Ramos, a Chuck Stobbs, a Mike McDermott y a Joe Fischer los batazos que les dio fueron históricos, de 565 pies; pero conectados hoy, con la bola superviva, posiblemente alcanzarían muchos más pies que los que recorrieron.

¿Qué clase de jugador que podía batear esos descomunales estacazos y luego correr del plato a primera en 3.3 segundos? En 1954 lo probaron en Colorado como exhibición en 100 lisos con el equipo que viajaría a la Olimpiada y corrió el hectómetro en 10.5 sin entrenamiento de velocista, ¿cuánto hubiera hecho con esa preparación?

El Presidente de los Rojos de Cincinnatti, Bill de Witt, reveló que cambió a Frank Robinson a los Orioles de Baltimore, previo a la campaña de 1966, porque, “…era un viejo de 30 años…”

En un club de mala muerte que solía visitar en Nueva Jersey, Ty Cobb le respondió al animador del local que, “…hoy solo podría batear .280”; sorprendido y satisfecho porque había sometido a la era antigua con la respuesta inequívoca de uno de sus ídolos, el tipo le preguntó, “… ¿Cómo así?” y el Melocotón de Georgia, afinando la puntería, le disparó: “Toma en cuenta que tengo 73 años y estoy enfermo…”

“Todo lo que yo deseo en la vida es que cuando camine por las calles de cualquier ciudad, la gente diga: ahí va el más grande bateador de todos los tiempos…” Ted Williams, 1941.


Después de observar al Rey Carlos de los Gigantes de Nueva York, Carl Hubbell, ponchar en fila a Ruth, Gehrig, Foxx, Simmons y Joe Cronin en el Juego de Estrellas de 1934, el inmortal jugador de cuadro Frankie Frisch comentó: “Detrás de este tipo puedo jugar 15 años más. No necesita ayuda..”

De acuerdo a las reglas actuales para determinar un campeón de bateo, Paul Waner, uno de los Hermanos Veneno junto a su hermano Lloyd, ambos en Cooperstown, de los Piratas de Pittsburg y uno de los bateadores con 3,000 o más hits, hubiera ganado el de 1926 en la Liga Nacional con .336 de promedio y Fred Leach, que se lo acreditó, hubiera ocupado el segundo lugar con .329.

La preferencia de Roger Hornsby por el béisbol sobre el golf la resumió así: “Cuando golpeo una pelota me gusta que alguien que no sea yo la persiga…”


Roger Hornsby en uniforme de los Cardenales de San Luís en 1925

Cuando en 1951 el narrador del Salón de la Fama conocido como la Voz de los Yanquis, Mell Allen, le preguntó al lanzador del club Vic Raschi que cuál era su mejor lanzamiento, el serpentinero, sin inmutarse, le respondió: “…cualquier línea, roletazo o elevado que vaya hacia el territorio de Rizzuto…” Bonita forma de expresar la capacidad defensiva del pequeño torpedero.


Rizzuto vuela sobre el corredor y factura la doble matanza, 1953
 
De infinidad de anécdotas y hechos están plagados los anales del béisbol, espero hayan disfrutado los que les propuse.                                                                     

¿CUANDO SE ES UN INMORTAL DE COOPERSTOWN?

Por Andrés Pascual

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.Para prensa escrita, radio y televisión la inmortalidad en el beisbol, que no es mas que la carta de residencia permanente en Cooperstown, se logra con la adquisición de un premio con el nombre de un periodista deportivo que también fue Comisionado del Beisbol, Ford C. Frick.

Los únicos hispanos que han alcanzado el premio hasta hoy han sido Buck Canel, Jaime Jarrín y Felo Ramírez; en los casos de Jarrin y Felo, por cubrir como narradores a dos clubes de Grandes Ligas: Los Dodgers de Los Angeles y los Marlins de la Florida.  A Canel se lo dieron por su trayectoria inigualable, ese es el dios de la narración en español y, como Felo Ramírez, tan extraordinario describiendo y comentando el boxeo como la pelota. Buck Canel es el Maestro de la narración deportiva en español del beisbol de Liga Grande.

Orlando Sánchez Diago y René Cárdenas, observan el mapa y la ubicación de todas las radiodifusoras de la Cadena Internacional de Radio de los Astros, creada y organizada por Cárdenas. La foto fue tomada en las oficinas de radio del Astrodome de Houston, TexasEn estos días corren nombres, incluso de cubanos, como propuestas a Cooperstown: Amaury Pi, Cos Villa, o Tito Fuentes. Los americanos miembros del Museo Nacional de Beisbol del Salón de la Fama, elementos del Comité de Votación, escogerán al que quieran, tal vez no al que lo merezca, porque ese grupo de gente si algo ha demostrado desde siempre es que en la intención de voto predomina o el nombre que suene musicalmente; o el que reúna mayor cantidad de gente, capaces de poder enviar el regalo pertinente y obligatorio a cada miembro, lo que puede ser una camisa alegórica o algo así; vaya, como hicimos con Tani Pérez, la campaña tiene que sonar…lo otro, que el club de liga grande eche pie en tierra por la cantidad de fanáticos de igual nacionalidad que la del propuesto e imponga su personalidad de equipo por conveniencias de taquilla.

Pero no veo en propuestas nunca postmorten al cubano Orlando Sánchez Diago, ni al nicaragüense ya retirado René Cárdenas, ni a la eminencia hispana Ángel Torres…

Yo sé que entre los propuestos existen valores como Pi y Cos Villa, no tanto Tito, que jugó mejor la segunda que lo que narra y comenta; también sé que, cuando se cumple el tiempo para lograr ser elegido, no hay que ser un fenómeno para aparecer en las ternas, sino haber estado activo el tiempo correspondiente; pero los casos de Sánchez Diago, de René y de Ángel están muy por encima de la consideración a partir del tiempo; sencillamente son material de Cooperstown por su brillantez, por su profesionalismo y por su clase admirable.

Voy a repetir aquí lo que le envié a René ayer: “Si ustedes no caben en el Salón de la Fama; si alguna bisagra de alguna puerta del recinto se resiste a abrir para que ese lugar se engalane con sus presencias; entonces, que lo cierren, así de sencillo.

LA BARRERA RACIAL LA ROMPIERON BRANCH RICKEY Y LOS DODGERS

Henry L. Ughetta, Branch Rickey y Walter O'Malley.

Walter O'Malley y el Juez Henry L. Ughetta (izquierda) escuchan al presidente de los Dodgers Branch Rickey (centro) Ughetta, sirvió como miembro de la Junta Directiva de los Dodgers por más de una década comenzando a fines de 1940.

Por Andrés Pascual

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.        El primer jugador profesional negro, de acuerdo a la mayoría de las fuentes, fue John Jackson, que jugó bajo el nombre de  Bud Fowler con el Newcastle, en Pennsylvania hacia 1872. Las próximas dos décadas un grupo de jugadores sepias harían su marca en los circuitos de liga menor. Los dos mejores fueron el segunda base Frank Grant, con el Búfalo de la Liga Internacional en 1886 y apodado el "Fred Dunlap Negro" y George Stovey, el mejor serpentinero en la Liga Internacional a mediados de los 1880's; sin embargo, los problemas raciales emergieron rápido y permanentemente cuando el Toledo de la Asociación Americana contrató a los hermanos Walker en 1884...

       Mooses "Fleet" Walker, receptor y el mayor de los hermanos, tuvo durante todo el año 1884 a  Deacon McWire en el banco como suplente de muy pocas oportunidades. McWire se convertiría después en el primer jugador detrás del plato en recibir más de 1500 juegos en grandes ligas; sin embargo, no todos los historiadores se ponen de acuerdo a la hora de señalar a los Walker como los primeros jugadores negros en las Mayores; porque en 1882 los Grises de Providencia contrataron a Sandy Nava por las próximas tres temporadas para alternarlo con su regular Barney Gilligan; Nava explicaba la tonalidad oscura de su piel diciendo que era "cubano", este jugador, confundido durante mucho tiempo por su nacionalidad, no fue cubano, ni tenia ascendencia de la Isla.

       Pero en el siglo veinte, técnicamente, el primer pelotero negro que jugó en el Beisbol Organizado fue Jimmy Claxton, que lanzó brevemente para los Oaks de Oakland de la Costa del Pacifico en 1916, capitulo también abierto al debate durante mucho tiempo. También se conoce el esfuerzo de John McGraw por firmar al segunda base Charlie Grant para los Orioles de Baltimore del primer año de la Liga Americana, a quien presentó como Tokohama, de sangre completamente india cherokee, firma que bloqueó Charles Comiskey; lo que también hiciera cuando el propio McGraw trató de firmar al lanzador cubano José de la Caridad Méndez por el apodo de "el Mathewson Negro" esta vez para los Gigantes de Nueva York.

      Cuando Cincinati firmó a los cubanos Rafael Almeida y Armando Marsans, estos fueron presentados como "ligeramente claros de piel"; pero durante la década de los treintas del siglo pasado, Roberto Estalella, antesalista cubano de madre negra, jugó por casi diez años en Grandes Ligas, por supuesto, antes que Jackie Robinson...

      Robinson fue el primer jugador negro oficialmente aceptado por el Beisbol Organizado en pleno en el siglo veinte...el elemento humano utilizado para integrar racialmente el beisbol moderno; eso, nadie lo pone en duda.

     "Branch" Rickey, llamado "El Gran Innovador" por todo lo que logró para el bien del pasatiempo y a quien se le adjudica la creación del sistema de fincas o sucursales del beisbol mayor, era el Gerente General y Vicepresidente de los Dodgers de Brooklyn durante la década de los cuarentas y, desde mucho tiempo atrás, asistía con interés a los juegos de las Ligas Negras; estaba seguro que la presencia del pelotero negro no podía continuarse obviando en el beisbol de los blancos ya para la década de los cuarentas; a tal efecto, se dedico a viajar, a conversar con muchas de las estrellas de la pelota independiente de la primera mitad de los cuarentas...

      Dos cosas entendía el Gerente General de los Esquivadores; primero, que el primer pelotero negro ampliamente aceptado y reconocido por el Beisbol Organizado debía ser una estrella impactante por su juego y, segundo, que debería ser una persona lo suficientemente inteligente como para soportar las humillaciones a que, con seguridad, seria sometido; en resumen, el jugador escogido como iniciador de una nueva política que sepultara la segregación no solo tenia que batear, fildear, tirar, correr las bases y pensar con astucia en el terreno; sino ser capaz de comprender el papel de semejante paso para el beisbol y su raza.

      Jackie Robinson jugaba como campo corto de los Monarcas de Kansas City y era uno de los mejores peloteros del circuito negro en 1945; pera también tenia instrucción colegial universitaria en UCLA, de Los Ángeles, California; estaba considerado un All-American, especie de galardón supremo otorgado a los mas aventajados atletas-estudiantes en la nación; no solo era bueno jugando beisbol, sino que fue estrella en fútbol, en baloncesto y en campo y pista...Un hermano suyo había formado parte del equipo americano de pista a la Olimpiada de Berlín en 1936.

      En lo personal era decente, de hablar bajo y pausado y había estado en el frente de batalla sirviendo a su país durante la Segunda Guerra Mundial...Antes de que debutara, el ojo clínico de Rickey y los Dodgers solo reflejaba el éxito total con semejante jugador; sin dudas, su parada final era el estrellato.

      Robinson fue firmado por Rickey en octubre de1945 y enviado a Montreal a iniciar la preparación con vistas a su entrada en Grandes Ligas; según el Gerente General, se escogió esa ciudad porque no existía la segregación y eso facilitaría la adaptación del pelotero: "la ciudad perfecta para el hombre adecuado".

      La decisión de colocar a Robinson en el Canadá dio resultados, una vez que el jugador podría adaptarse al juego de la segunda base, hacia donde fue movido por los problemas de desplazamiento hacia su derecha en el campo corto y porque los Dodgers tenían en esa posición un escollo para el novato llamado "Pee-Wee" Reese que, a fin de cuentas, formó la ultima combinación de doblematanzas en tener acceso a Cooperstown junto a Robinson; quedando Aparicio y Nellie Fox como la ultima del beisbol con Medias Blancas de Chicago.

     Jackie Robinson ayudó a los Reales de Montreal a ganar la Pequeña Serie Mundial de Triple A, logrando incluso el campeonato de los bateadores en ese evento; nadie se fijó en el color de su piel; sino que todos los habitantes de la ciudad se alineaban en largas filas para solicitar un autógrafo del futuro inmortal en el Estadio Delormier; cuando Robinson recontó sus satisfacciones en el beisbol, hubo de referirse así a la acogida que tuvo en aquella ciudad: "...fueron momentos inolvidables; un negro perseguido por una enorme muchedumbre blanca con las mejores intenciones..."

    El 14 de abril de 1947 recibía Jackie Rossevelt Robinson, a los 27 años de edad, el cablegrama que le ordenaba reportar a los Dodgers de Brooklyn, la más grande batalla jamás luchada en el beisbol americano había comenzado: la perforación y el derrumbe del injusto y criminal  muro racial...

     El 15 de abril debutó con el equipo en un juego contra los entonces Bravos de Boston; se fue sin hits en el partido y, después del quinto juego, cayó en racha improductiva de veinte turnos sin poder llegar a primera con seguridad; pero ese ganó el trofeo de Novato del Año porque bateó .297 y lideró la liga en bases robadas.

     Se conocen ampliamente los abusos a que sometieron al jugador tanto peloteros como público en general; se conoce incluso el apoyo del judío e inmortal Hank Greenberg y de Pee-Wee Reese hacia el intermedista, pero la suerte de la moral y la clase del Beisbol Organizado estaba echada, una nueva era se cernía sobre la pelota profesional americana; Branch Rickey y los Dodgers de Brooklyn cambiaban, con el elemento llamado Jackie Robinson, la estructura sociopolítica de todo el deporte estadounidense.

      La estampida desde los circuitos negros no se hizo esperar, todos los jugadores sepias, básicamente explotados y maltratados en esas ligas, no sintieron el mínimo respeto por quienes no lo merecían; aunque se escudaran en el tan pisoteado concepto de "respeto por la herencia negra", cavando la tumba también del beisbol negro independiente que desaparecería definitivamente en clase e interés dos años después: desde Larry Doby hasta Satchel Paige la clase irradiante del pelotero negro buscó los reflejos de las luces del Ebbets Field o el Polo Grounds para, si cabe, brillar más y mejor.

      Jackie Robinson fue elegido al Salón de la Fama en 1962; es el más importante jugador negro de la historia, por lo que fue capaz de hacer materialmente al costo de soportar injustas y abusadoras actitudes racistas de equivocados y trasnochados americanos incapaces de valorar al ser humano en su justo precio: como hombre.

      Pero Robinson no rompió la barrera racial, ni él ni ningún negro por su cuenta lo hubiera podido hacer; ese mérito, que se calla injustamente también; ese paso que cambió la era moderna del deporte americano es pertenencia absoluta de Rickey y de los Dodgers y para hacer más favorable a Robinson el logro inmerecido, se callan también los improperios y amenazas que, durante toda su vida, debió soportar Branch Rickey quien, al no referirse al detalle, tiene doble mérito ante el deporte y la sociedad americana. FIN

Nota de La Estufa Caliente: Este interesante artículo escrito por nuestro apreciado columnista de beisbol Andrés Pascual, puede ser comprobado en gran parte, leyendo el nuevo libro de Michael D’Antonio. Azul para Siempre. o “Forever *Blue”, que trata de la verdadera historia de Walter O’Malley, el propietario de equipo más controversial en la historia y los Dodgers de Brooklyn y Los Ángeles. El ajetreo del señor Rickey para la contratación de Jackie con todos los pormenores, aparece muy bien detallado por D’Antonio. Este tipo de libro no debe faltar en la biblioteca del aficionado de beisbol.

Hace dos meses, tuve la dicha de recibir una copia de Forever Blue con la nota siguiente: “Estimado René: Este libro acaba de ser publicado y creo que captura la vida de mi padre (Walter O’Malley). Aunque no es una biografía autorizada, cooperamos con el autor, le brindamos acceso completo a nuestros archivos. Esto, junto con sus propios pensamientos e investigaciones, es una lectura interesante.  Espero que todo esté bien contigo. Mis mejores deseos.

Peter O’Malley”.
      

* Blue o Azul, es el color oficial de los Dodgers. En los 20 años que hice de narrador radial del equipo, comenzando en 1958 en el Coliseo de Los Ángeles, siempre le llamé el equipo azul y lo sigo haciendo en mis crónicas de hoy. Para los Dodgers de toda era, y sus seguidores, azul para siempre.

René Cárdenas.

AQUEL NICARAGUA QUE ASUSTABA A CASTRO.

Por Andres Pascual

Andrés Pascual - Columnista de La Estufa Caliente.      Cuando un cubano está en Cuba sin simpatizar con la tirania, una de las cosas que muestran su patriotismo es, con dolor en el alma, disfrutar la derrota de los equipos castristas a eventos internacionales; porque estos equipos no representan a Cuba; sino que son utilizados como parte del conocido "pan y circo" y como vias estupidas de penetración ideológica en otros países...

      El beisbol castrista no es amateur; sus campeonatos, llamados Series Nacionales, funcionan exactamente igual que el calendario regular del Beisbol Organizado, las diferencias son tres, la calidad de aquella pelota no se puede clasificar A; no ganan dinero y, al revés del verdadero amateur de antes en la Isla, que entrenaba un día dado por su patrón de empleo de lunes a viernes en una sesión, mayormente la tarde, con juego el domingo, a veces el sábado, los de Castro entrenan un mes y medio previo a su torneo y, después, durante cuatro meses, viven como peloteros en albergues creados al efecto y juegan autorizados todos los días, con uno de descanso para viajar en transporte gubernamental; pero cobran de plantillas ajenas a lo que hacen; entonces un jugador de esos recibe un salario en un policlínico como enfermero sin haber visto nunca una jeringuilla. El nombre como se conoce este tipo de atleta es "profesional de Estado".

     Esos casi considerados súper clubes y súper peloteros por Peter B. Jarkman, al que posiblemente le importen más otras cosas que el deporte de las bolas y los strikes en Cuba; que han podido confundir a medio mundo por una clase y un status que no tienen, salen de esas series... Realmente deberían ser tan buenos como un club de grandes ligas; pero la frustración, la falta de aplicación de una clasificación a cada pelotero de acuerdo a su talento y la pérdida del interés por el beisbol de una población a la que le han impuesto el balompié, por lo que ya se declaró perdida la pasividad, les impide ni igualar no al beisbol de antes en Cuba en carácter amateur, sino competir en igualdad de condiciones con ningún país de la Confederación del Caribe.

     Pero no tuvieron oposición aparente, porque el área caribeña era respetuosa del status amateur y Estados Unidos se aparecía en esos eventos con selecciones colegiales en las que algunos de sus peloteros no habían jugado 300 partidos en su vida. Agregue a todo eso que Castro, eliminado el profesionalismo, disponía de todos los jugadores de Cuba, los que podían permanecer juntos en ese equipo por diez y hasta más años.

    Los equipos de Castro no "robaban", casi siempre perdían un juego o dos y llegaron a sentir temor no solo de los colegiales americanos, sino de un equipo que les hacia férrea oposición, porque Somoza logró mantener unidos durante por lo menos cinco anos a algunos jugadores tan buenos para aquella clase de pelota como los de Cuba.

   Nicaragua jugaba a matarse contra todo el mundo, pero, por circunstancias políticas, le ponían especial interés a Cuba y, o le ganaron como cuando Julio Juárez los blanqueó en el último juego del Mundial de Managua en 1972, permitiéndoles cinco hits con marcador 2-0; como también les ganó en Colombia, en 1976, Porfirio Altamirano, con otra lechada y score 6-0; o perdían, como en el Mundial de La Habana en 1971, con el zurdo Antonio Herradora llevando el juego sin hits ni carreras al séptimo y por un jonron de Elpidio Mancebo, de emergente, cayeron 1-0. Durante casi toda la década de los setentas, el equipo nica quedó entre los primeros cuatro lugares de cada torneo y el quid estuvo en que lograron aguantar allá a un grupo de grandes peloteros en el amateurismo que, para nosotros, fue una contribución en la lucha por el beisbol cubano, que Castro nos lo había arrancado también con la libertad y la soberanía individual, en el terreno de juego, teníamos a Nicaragua al lado, despojando a aquel fraude hecho equipo de pelota, vestido con el uniforme de las cuatro letras gloriosas en el pecho, de la altanería y el carácter abusador que representaron en aquellos eventos.

   Por eso Vicente López, Julio Juárez, Antonio Herradora, Antonio Chévez, Dennis Martinez, Porfirio Altamirano, Sergio Lacayo, Calixto Vargas, Rafael Obando, César Jarquin, Taylor, Julio Cuaresma, Ernesto López, Pedro Selva y varios más, fueron ídolos de los cubanos que, con seguridad, más amaban a Cuba y que, por tal situación, aplaudían la victoria o el susto de Castro en el juego apretado, o perdido ante la Nicaragua que, lamentablemente, hoy dista mucho de aquella de un ayer realmente glorioso por todos los lados en el ámbito del beisbol amateur de entonces.

FIN

ESE VIEJO AMIGO DE LOS CUBANOS, RENE CARDENAS.

Por Andrés Pascual

       De epopeya se puede considerar la forma como tratábamos de mantenernos informados sobre el beisbol profesional los que no nos resignábamos a perder el interés por las Grandes Ligas y las ligas invernales después de 1961 en Cuba.

       Muchísimos cubanos que habían sido fanáticos rabiosos y seguidores de clubes, lo mismo de la Liga Cubana que de las Mayores, abandonaron con tristeza la persecución de aquel imposible que era mantenerse al día del único beisbol que reconocíamos y que resultaba increíble que hubiera sido borrado para siempre de toda posibilidad de disfrute en Cuba, el profesional.

       Era el noticiero de la Voz de las Américas en su breve sección deportiva, primero en la voz de Fernandito Menéndez y, cuando este murió, en las de Jorge del Río y Guillermo Portuondo Cala, con Luís Rodríguez Mayoral el domingo en la noche; además de, en invierno, Radio Rumbos de Venezuela y Estación X de Nicaragua con el beisbol invernal del área, las únicas posibilidades de continuar atado a trabes de esa fina cuerda a lo que creíamos era un derecho nuestro por que si; porque, Como es posible que se intervenga en lo que uno quiera oír?

      Entonces nos constituimos en una gran hermandad secreta que abarcaba las provincias La Habana, Matanzas y Pinar del Río, porque pasaban de mano en mano cuanta revista o recorte de periódico recibíamos de una a otra de tal forma que, a veces, usted estaba leyendo un Sporting News de alguien en el municipio matancero de Coliseo y, allá, posiblemente, alguien disfrutaba una Hit o Super hit mejicana suya, igual podía ser un recorte de Miami News, de La Opinión de Los Ángeles, o de Patria. Era una locura desarrollada por gente cuerda que no quería renunciar a un reducto irremediablemente arrancado de raíz no al pueblo; sino a la tradición y a la identidad cultural cubana.

     En 1965, alguien conoció que, por la llamada onda corta radial, se podría escuchar un programa dominical que transmitiría el sencillo o el doble juego del día de los ya rebautizados como Astros de Houston. Ya estaba inaugurado lo que en su momento se considero una de las maravillas del mundo moderno: el Astrodome.

    Entonces comenzamos, en todos los ámbitos de Cuba, la cacería  de la Radio Cadena Deportiva Continental de los Astros de Houston, que era el nombre completa de la transmisora que hacia posible tamaño descubrimiento...

    Una vieja y querida gloria del micrófono deportivo, uno de los iconos de los mayores en la Isla-yo era un adolescente-, Orlando Sánchez Diago, quien había hecho realidad las transmisiones, bajo contrato exclusivo, del beisbol profesional cubano desde el terreno de juego a principios de los cuarentas y una voz nueva, bien timbrada, poderosa y conocedor de las interioridades del juego lo suficientemente como para complacer a la exigente clientela cubana, acostumbrada a Buck Canel, Felo, Rubí, Sánchez Diago o López Silvero entre varios, el nicaragüense René Cárdenas: un jonron con bases llenas...

    Todavía recuerdo el primer día de transmisión, lo que describieron para el publico que, de otra nacionalidad, ya conocía esos detalles: 80 millones de toneladas de aire circulan el complejo; la grama sintética, que se removerá en tal fecha para dar paso a una corrida con el diestro Paco Camino; las pelotas de colores; ahora salio un vaquero disparando cuando se produjo el jonron de Juanito Bateman en la pizarra y Cary Grant, de visita en Houston, ocupa uno de los palcos de la zona de la tercera base.

     A veces invitaban a Tony Pacheco o a alguien mas a comentar o transmitían alguna parte de una entrevista a jugadores latinos y, en el resumen, sabíamos los cubanos que había hecho esa semana, ese día y como le iba en la temporada al Haitiano González, a Tony Taylor, a Oliva, a Rojas...a todos los compatriotas que, en realidad, estaban mas lejos de nosotros que la luna; pero que Rene y Sánchez Diago nos ponían con su descripción detallada a tiro de escopeta.

    Esto puede resultar irreal, difícil de creer únicamente si no se es cubano; pero fue así...René Cárdenas se convirtió, junto a Sánchez Diago, en una de las ventanas por las que los hombres que se sentían libres de mi generación y muchos de anteriores, se asomaban, bajo peligro de caer presos si la policía política se enteraba-y ocurrieron muchos casos-, al mundo de libertad que ya se nos había arrancado.

    Desde entonces, Cárdenas fue nuestro amigo mas allá del tremendísimo narrador y comentarista que es; por su clase profesional y porque conocemos su ejemplar conducta ciudadana por amigos como Ángel Torres, puede muy bien catalogarse, de hecho lo es, como una leyenda, calificativo que le queda a la medida, que nadie lo dude...