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No se puede olvidar al "Chino" Meléndez, legendario lanzador nica
Por Hernán Arosteguí Este año el beisbol organizado en los Estados Unidos celebra el cincuentenario del ingreso a las grandes ligas del primer jugador de raza negra, Jackie Robinson. Vívidamente recuerdo los artículos que al respecto escribiera en varios periódicos y revistas de Managua en 1947, mi apreciado amigo, hoy desaparecido, Leonardo Lacayo Ocampo (DON). Fue un hecho histórico que abrió por primera vez las puertas del beisbol mayor a un sinnúmero de peloteros que jugaban en las ligas negras en los Estados Unidos o en la América Latina. Le siguieron Larry Doby (Liga Americana), Don Newcombe, Roy Campanella y muchos otros, pero el agresivo y talentoso Robinson fue el que tumbó las barreras e hizo historia. Todos los elogios que póstumamente recibe ahora son bien merecidos. Su hazaña trajo a mi memoria eventos importantes del beisbol en Nicaragua que mi generación experimentó en la década de los cuarenta y que me temo son desconocidos por la juventud de ahora. Siempre que con nostalgia rememoro esos tiempos, ineludiblemente saltan a mi mente las hazañas del que considero fue el pelotero más carismático en la relativamente corta historia del beisbol nicaragüense. Me refiero al insigne José Ángel "Chino" Meléndez. Con sorprendente nitidez tengo fresca en mi memoria la faz de este gran lanzador derecho que tantas glorias dio con su brazo y con su corazón a la selección de beisbol que con tanta dignidad nos representó en los Campeonatos Mundiales de Beisbol Amateur, especialmente en los años de la década de los cuarenta. La perenne amplia y sincera sonrisa del "Chino" era su marca de fábrica. Su rostro oriental con los ojos medio cerrados y el cabello lacio, profundamente negro y pegado al cráneo con brillantina, indeleblemente permanece en mi mente. Su sonrisa dejaba entrever dos dientes de oro que contribuían aún más a hacer ese rostro inolvidable. Cuántos angustiosos días pasábamos los jóvenes de entonces, pegados al radio de onda corta escuchando las incidencias de los juegos del Campeonato Mundial que se escenificaban en el conocido estadio de la Cervecería Tropical en La Habana y que eran narrados por el gran locutor Manolo de la Reguera, que también se transformó en uno de los más grandes admiradores del "Chino". La Selección nuestra también contaba en su lista con otras conocidas figuras, muchos de ellos mis coterráneos de la Costa Atlántica. Nunca podremos olvidar, los de mi generación, a Jonathan Robinson, Stanley Cayasso, Allen Álvarez, Juan Manuel Vallecillo, Canana Sandoval, etcétera. Pero ninguno poseía el carisma, ni despertaba la admiración y simpatía del "Chino". Además de su personalidad, estaba ese brazo de "hule" que nunca le produjo dolores no importaba el número de entradas que lanzara o la frecuencia de sus salidas. Siempre ganaba o perdía apretadamente, y con su bate también era peligroso. Cuando él lanzaba la selección siempre tenía oportunidad de ganar. Cuando se lanzó al profesionalismo, ya en edad avanzada para un jugador de beisbol, lo hizo, si mal no recuerdo, en la Liga Panameña. Mi amigo "Koriko", el historiador emeritus del beisbol nicaragüense, nos puede dar una relación más acertada de esto. En una ocasión lanzó un juego de exhibición en Panamá contra los Dodgers de Brooklyn, en ese entonces dirigidos por el gran piloto Leo Durocher. Lanzando por su club "Cervecería Nacional", el "Chino" mantuvo sin carreras y con solamente un par de imparables durante siete episodios a la poderosa batería de los Dodgers. Tan impresionante fue su actuación que Durocher empezó a preguntar que quién era ese serpentinero y que cuál era su edad. Cuando se le dijo, meneó la cabeza y comentó, "lástima que sean tan viejo pues es material de Ligas Mayores". Aquellos de mi generación que estamos en el otoño de nuestras vidas y que ya perfilamos en el horizonte su invierno, tenemos una deuda de gratitud para con el "Chino". No podemos permitir que la generación presente o futura ignore lo que significó ese lanzador derecho para los nicas de entonces. Tenemos que impedir que su enorme contribución a nuestro beisbol amateur se "pierda en la oscuridad de la historia", como respondía nuestro querido maestro de historia en el Instituto Pedagógico de Managua, doctor Ricardo Paíz Castillo, cuando le hacíamos preguntas que no podía contestar. Como primer paso para reivindicar su memoria, muy respetuosamente sugiero al Presidente de la República que le dé el nombre de José Ángel "Chino" Meléndez al Estadio Nacional de Managua. Esto provocará que la juventud de ahora pregunte, ¿Quién fue el "Chino" Meléndez? Y será la obligación de aquellos que tuvimos el privilegio de conocerlo explicar a estos jóvenes lo que fue el "Chino". Podemos empezar con esta analogía: "Darío en la literatura y, el "Chino" en los diamantes".
Nota: La alineación de este juego y la foto fueron proporcionadas por el historiador nicaraguense Tito Rondón. El beisbol es una fascinaciónEl beisbol sigue siendo una fascinación por donde se le quiera ver; la estadística la creó el beisbol y a éste los dioses para que los hombres tengan algo con que desarrollar mente y cuerpo. Enseñar a un niño a jugarlo es muy difícil pero más obtener que lo aprenda y lo desarrolle con toda su ciencia, disfrutándolo como el mejor recreo del mundo: Carlos Rodríguez Candila. “Además de ser un juego apasionante, el beisbol es el más cerebral y complejo de los deportes de conjunto; esconde implícito en los fundamentos del juego una particular y muy profunda filosofía”: Jesús Robles Martínez. |
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